Hace años La Habana y toda Cuba pedía un festival como el Havana World Music-Black Tears (HWM). Los organizadores, liderados por M Alfonso, han logrado un proyecto orientado a darle lustre a varios géneros musicales de factura impecable, pero apenas conocidos por la mayoría del público cubano suficientemente ni promovidos en los medios de la Isla.
En el cartel de este año sobresalieron figuras como Marinah, quien fue la voz líder de la banda española Ojos de Brujo; el grupo afro-alemán Gato Preto , y puertorriqueño Henry Cole, así como Haydée Milanés, Interactivo y David Blanco, entre otros.
El sábado el Parque Metropolitano estuvo lleno hasta la bandera por miles de jóvenes que esperaban ver sobre todo a Orishas, esa banda que representó el espíritu del rap cubano en los finales de los años 90 e inicios del 2000 y cimentó su trayectoria sobre un montón de brillantes canciones que se convirtieron en himnos de una época y de la música alternativa de un país. No había una fiesta en La Habana en la que no se escucharan temas como A lo cubano, Nací Orishas o Atrevido, y a la gente no se le calentara la sangre y la cabeza y se pusiera al borde de la combustión.
Pero debajo y encima del puente del Almendares había especialmente miles de jóvenes nacidos con la entrada del nuevo siglo que armaron su educación musical después de que la banda alcanzó la categoría de ícono y después, también, de su separación, y solo tenían algunas referencias lejanas de la música de esta alineación que cambió el curso del rap cubano y le abrió en su momento nuevas puertas y perspectivas en la arena internacional.
La leyenda era demasiada alta y Orishas en el primer tramo del concierto parecía dispuesta a llevarla a un peldaño más arriba, pero tras cuatro o cinco canciones comenzó a dar señales de que esta noche no estaban en plena forma durante su regreso y sus músicos carecían del empaste necesario para responder a las expectativas que se crearon los que conservan sus primeros discos entre la música de cabecera.
Orishas atacó con sus clásicos como A lo cubano, y Represent y el público obviamente agradeció el regreso, aclamó a esta banda de categoría internacional y los Orishas allá arriba se fueron confiando demasiado. Roldán no entregó su mejor versión y su excelente voz de sonero se escuchó un poco extraviada entre el sonido y la multitud y no tributó lo suficiente a este performance que tiró sobre todo de la nostalgia del reencuentro.
La banda de Yotuel, Roldán y El Ruzzo llevan sobre los hombros una obra difícil de igualar y cada vez que suban a un escenario les exigirán, al menos los que conocen a fondo su legado, que estén a la altura de las circunstancias aunque el tiempo haya pasado y los intereses de la banda quizá hayan cambiado si tomamos en cuenta sus nuevas colaboraciones. El grupo tiene suficiente historia y arsenal sonoro para responder a los reclamos sin dificultad, por lo que no deberían permitirse, como sucedió, fallas en el empaste sonoro, entre sus miembros, ni echar mano a la repetición de canciones como si se tratara de un ensayo ni incorporar durante sus shows recursos al uso sobre el sentido que algunos le otorgan a la cubanía, un concepto que, dicho sea de paso, la banda ha sabido representar con gran coherencia en el mundo.
Durante su operación retorno Orishas ha puesto en circulación temas como El sastre de tu amor y Cuba, isla bella, que se alejan de las búsquedas sonoras de la alineación tal y como la conocimos. Con esta nueva variante el grupo está tratando quizá de encontrar una mayor cantidad de seguidores y ya se sabe lo enrevesado que puede ser ese proceso en la Cuba de hoy. Los horizontes de una vertiente de su nuevo rumbo son válidos aunque Orishas tiene en las raíces que los llevaron a la mayoría de los festivales y escenarios del mundo los recursos para seguir siendo una de las bandas más representativas del rap cubano, sin embargo la música de la banda, bien vista, ya trascendió este género y ha incorporado otros frentes sonoros.
Lo que deben seguir teniendo claro el camino que quieren seguir y no ceder al facilismo, a la comodidad de la leyenda ni asumir los clichés que rondan los conceptos que algunos manejan sobre la cubanía o la identidad nacional para insertarse en el circuito local. En cualquier caso necesitan, al menos por lo que se vio esa noche, reforzar el directo con ese aluvión de espontaneidad, compromiso con el público y energía que siempre atravesó sus shows y sus canciones y que tanto necesita la música cubana en el circuito donde se mueve Orishas.
La banda sabe que sus canciones ya no le pertenecen, que ayudaron a madurar la conciencia colectiva de una generación que como Orishas también quiso ayudar a levantar el país que pensaron y que todavía le permiten sostener la nostalgia a los cubanos que viven fuera de la Isla, un sentimiento que ellos conocen muy bien porque fue también desde la primera extrañeza del emigrante que compusieron los himnos que irrumpieron en el planeta y dieron a conocer una Cuba alejada de los estereotipos con que muchas veces se identifica a este país.
Yotuel, El Ruzzo y Roldán son artistas que han madurado con el tiempo y no les faltan recursos para defender su historia y convencerse nuevamente de que son capaces de subir sin dificultad a la misma altura desde la que los mira ese repertorio lleno de temas que todavía impresionan, porque lograron convertirse en auténticos tratados sonoros sobre las narrativas de las zonas más complejas de la sociedad cubana.
Dicho esto, hay que darle el mérito al HWM de traer de regreso a la banda a Cuba, para que el público que los siguió durante tanto tiempo descubra por dónde va su trabajo y los que apenas lo conocían puedan ponerle rostro a esas canciones que han vencido la prueba del tiempo y eso ya es una evidencia de que los primeros Orishas están íntimamente ligados a la identidad cubana y a los registros sonoros del underground.
En esta quinta edición el Almendares se le hizo pequeño al HWM y las autoridades deben tomar nota para que este festival llegue a celebrarse en otro escenario de mayor amplitud para que pueda entrar todo ese público que no tuvo más remedio que mirar el concierto desde el puente. Es un evento que seguirá creciendo y es de esperar que cada año convoque a miles de personas interesadas en la escena musical más alternativa. Por ese camino están insertando a Cuba en el circuito de festivales internacionales, algo casi impensable hace solo algunos años atrás.
No son pocos los grupos de calibre internacional que quieren presentarse en Cuba y este festival es una excelente plataforma para organizar estos espectáculos. Es el caso de Orishas cuyo concierto en el Almendares, el primero de una saga de presentaciones que llevarán adelante en varias provincias del país, permitió a la banda reencontrarse con su público natural, mirar de frente a su leyenda y después, en calma, seguir tomando el rumbo que le dicten los Orishas.











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Amanda dijo:
1
27 de marzo de 2018
22:16:06
Locosporlamúsica Respondió:
29 de marzo de 2018
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Maria dijo:
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28 de marzo de 2018
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28 de marzo de 2018
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Reinier Respondió:
28 de marzo de 2018
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CarlosFonceca dijo:
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28 de marzo de 2018
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28 de marzo de 2018
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maguero dijo:
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28 de marzo de 2018
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28 de marzo de 2018
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maryblues dijo:
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Sara dijo:
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28 de marzo de 2018
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Rita dijo:
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29 de marzo de 2018
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Isadora Respondió:
1 de abril de 2018
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Claudia dijo:
12
3 de abril de 2018
05:36:33
eddy dijo:
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7 de abril de 2018
18:11:48
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