Alicia, o sencillamente Giselle, se aferra a las manos de su esposo y este le susurra algunas palabras al oído. Un traje blanco frente a ellos, rememora el aletear de un cisne. El escenario es el Museo Nacional de la Danza, que en ese instante se vuelve sitio de confluencias, puente entre varias generaciones de cubanos.
Y digo varias generaciones porque con certeza se puede afirmar que aquí no solo están, entre los presentes, el Primer Bailarín José Manuel Carreño; el historiador del Ballet Nacional, Miguel Cabrera; los miembros del Secretariado Nacional de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU); y la representante del Ministerio de Cultura, Gladys Collazo. No. También nos acompañan el líder revolucionario Fructuoso Rodríguez, la doctora María Luisa Rodríguez Columbié, y Luis Amado Blanco, dirigente del Comité de Defensa del Ballet de Cuba. Nos acompañan, incluso, las más de 20 000 personas que acudieron aquel 15 de septiembre de 1956 al Stadium Universitario de La Habana para protagonizar un acto de desagravio a Alicia Alonso y el Ballet, que ella encabezaba.
Eso bien lo sabe Pedro Simón, director del Museo, quien ahora, a 60 años de lo sucedido, se dirige al público para expresar un mensaje rotundamente simbólico: «aunque la FEU renueva sus filas cada año, es una organización con memoria». Y ahí se hallan las pruebas documentales, en los cuadros que componen la exposición titulada Universidad FEU-Ballet. Recuento histórico, y que acaba de inaugurarse en este museo.
Se trata de una colección que sobrepasa las 40 piezas entre instantáneas del archivo del centro y documentos originales, ilustrativos de la relación histórica del Ballet cubano con la célula estudiantil universitaria que hace más de medio siglo mostrara sus garras al régimen de Fulgencio Batista, con el propósito de salvar la entonces amenazada cultura nacional.
«Una actitud valiente, ética, revolucionaria y al mismo tiempo sensible hacia la cultura, el arte», así la define Simón, luego de explicar que los vínculos entre los jóvenes universitarios de izquierda y el ballet en particular, comenzaron en la temprana década del 40 del pasado siglo y continuaron cristalizándose con constantes acciones.
Hoy la exposición de títulos y reconocimientos honoríficos entregados por la Universidad de La Habana a la Alonso los recuerda, no como letra e ilustraciones muertas, sino «como una lección permanente para los jóvenes», al decir de Simón. La propia bailarina lo ratifica mientras comenta que «siempre tuve una unión tremenda con los estudiantes; ellos siempre estuvieron allí».
«Además de sus obligaciones docentes, eran jóvenes como los demás, con todas las inquietudes de los demás», precisa Simón, y habían asumido una postura de defensa de la patria, del país, de lo que estaba sucediendo en Cuba: un atentado a la cultura, según lo calificara entonces la revista Bohemia.
De ahí que ante la respuesta de los jóvenes universitarios, creciera el compromiso de la eterna Giselle con la Revolución que emergía de lo más profundo y radical de la institución universitaria. Por eso creo ver algunas lágrimas en los ojos de Alicia, cuando a salón abierto y tras un emotivo documental que recuenta la historia en que tiene el papel principal, le presentan a los continuadores del legado de la organización que tanto la apoyó.
Son más de las mismas lágrimas que se aferraron a su rostro ese día de 1956.











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Lázaro Tito Valdés León dijo:
1
15 de septiembre de 2016
13:40:27
Leidis dijo:
2
15 de septiembre de 2016
16:00:42
rivero dijo:
3
16 de septiembre de 2016
01:55:54
Darcy Respondió:
16 de septiembre de 2016
14:39:45
ramon dijo:
4
19 de septiembre de 2016
07:28:36
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