ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Lilian Álvarez Navarrete. Foto: cortesía de la autora

Estremecedor, ajeno a cualquier tendencia dentro de la actual poesía cubana y solo apto para los que buscan en la literatura un compromiso a toda prueba con la autenticidad, es el poemario Como un cristal temblando, de Lilian Álvarez Navarrete que la editorial Cubaliteraria acaba de presentar a los lectores cubanos.

La autora de este singularísimo volumen de versos es, desgraciadamente, muy poco conocida, tanto para los propios poetas como para la crítica de la Isla, pero su trabajo con la palabra, que cuenta ya con cuatro libros publicados, está a la altura de las más destacadas voces que los precarios cánones construidos para la lírica contemporánea cubana deberían destacar.

Y es que como su autora confesara al cantautor español Luis Eduardo Aute, prologuista que ha sabido interpretar muy bien los principales rasgos de este cuaderno, ella escribe versos “como un mo­do de saber qué me pasa, cuando siento algo raro dentro de mí que no me logro explicar”.

Tampoco sus poemas consiguen este propósito puesto que más que explicaciones ellos expresan, a mi entender, sensaciones metarreales, difíciles de llevar a la hoja en blanco si no se tiene el poder de convertir en resplandecientes metáforas todo un mundo interior angustioso y desordenado.

El lenguaje, que fluye con eficacia y desaforado, acaba por conmover al lector desde un ángulo impredecible, donde la enajenación y hasta un cierto toque de irracionalidad, son distintivos fundamentales de una poetisa (o poeta) que intenta desnudarse corriendo todos los riesgos de una aparente incomunicación (si es que se intenta en­contrar una lógica a esta sucesión de dudas y desa­sosiegos que son, al fin y al cabo, los elementos de la poesía pura a la que se refiere Aute en la introducción ya mencionada).

Lectura polisémica es esta donde los silencios son tan importantes como las palabras. De esta manera, cualquier tipo de decodificación de estos textos pasa por una corriente subterránea  emocionalmente lúcida, a pesar del aparente hermetismo con el que quedan veladas las claves de una escritura donde el automatismo cede a una lógica que puede no ser la del sentido común, pero sí la del mundo interior de una autora que sobresale por su exquisita sensibilidad.

Dividido en tres secciones de indiscutible coherencia (Ni el aire ni el espejo, Cuando alguien me llamaba y Después del punto de cerrada sombra) que se corresponden con los tres libros de la autoría de Álvarez, este poemario nos ofrece, ya lo dije, una cosmogonía sin referentes en el actual panorama de nuestra literatura al tiempo que consigue establecer con el receptor una sensación de distancia o de impenetrabilidad que solo puede ser superada por el poder avasallador de sus imágenes.

Hay mucho de la tradición francesa en esta autora aunque dudo de que se trate de influencias. Pienso que podríamos hablar más bien de confluencias y de un modo de decir que recuerda el lenguaje de la música en tanto que la palabra no le es suficiente para transmitir todo lo que ve a través de un espejo en el que no parece sentirse reflejada.

Su espejo no es el de la contemplación superficial sino el que se introduce en profundidades de un yo que no deja de ser colectivo, puesto que nos ofrece una imagen de nuestras más íntimas insatisfacciones, miedos y oscuridades, si tenemos la valentía—como la tiene Álvarez Navarrete— de confesarlas en un ejercicio de exorcismo o de purificación. ¿Por qué no mirar hacia dentro cuando lo externo, lo que sucede en el mundo contemporáneo, solo nos ofrece una apariencia engañosa frente a una realidad virtual?

Aute señala en estos poemas “un indisimulable discurso afín al surrealismo”. Y, en efecto, en muchas ocasiones nos parece asistir a la narrativa de un sueño más que a una experiencia de la vigilia. Pero creo que esta es solo la manera en que la emisora codifica lo que sucede en nuestro planeta, una realidad que parece rebasarla y ante la que se siente indefensa como ese cristal que tiembla y amenaza con hacerse pedazos.

Los poemas, escritos en su mayoría en prosa, saben sintetizar con enumeraciones sorprendentes y alucinantes, esas relaciones difíciles entre el yo y su entorno, como si la escritora quisiera defenderse de ese mundo “de afuera” que atenta contra su frágil  intimidad.

Poesía intimista, donde los elementos de la na­turaleza (animales, fenómenos naturales y paisajes) se conjugan en una rara armonía con esos es­tados raros, sin explicaciones, de los que Lilian Ál­varez hablara a su prologuista.

A él también confesó: “con tanto placer—y dolor—que me causa la escritura, entiendo ese ac­to como algo íntimo, muy personal, casi terapéutico y solo en pocas ocasiones decido compartir su resultado con otras personas”.

Ese, “su resultado”, es, en primer lugar la au­tenticidad que rezuman los textos de Cómo un cristal temblando pese a las dificultades que en­contrará el lector si intenta acercarse a esta poesía para encontrar en ella reflexiones o respuestas al permanente estado de incertidumbre que nos plantea.

Porque como bien nos dice Lilian: “dentro nos habitan solo sombras, silencios, dudas, dentro no se oye a los otros, no se oyen las preguntas que los otros hacen de sus ecos”.

No tengo dudas de que se trata de una poesía intensa, que deja huellas, quizá un poco dolorosas en quien las lee, pero que cumple con los requisitos que debe reunir un poeta para que su obra encuentre una  verdadera resonancia.

“Siempre soñé —nos dice la poeta— que sería este un lugar para la luz, donde la música no cesaría nunca. Mas no hay nada solo un viento frío que me llega en ráfagas y soledad, la soledad”.

A fin de cuentas ya lo dijo de otro modo ese extraordinario poeta italiano que fue Salvatore Cua­simodo: “Cada uno está solo traspasado por un ra­yo de sol, Y, de pronto, la noche”.

Al leer este volumen no debemos temer a la noche metafórica que continuamente subyace como la parte más oculta de un iceberg en casi todos sus textos. A fin de cuentas, para todos, ella, la noche, no tardará en llegar si antes no hacemos algo por salvar a nuestro dolorido planeta.

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Esmérido dijo:

1

12 de julio de 2016

22:09:24


Es cierto, Marilín que al menos para mi es desconocida. Me gustaría leer su obra. Gracias por traerla.

Fernando Alvarez dijo:

2

15 de julio de 2016

10:07:31


Soy tu primo mayor, me alegro mucho de poder conocerte aunque sea por Fotografia.