ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Arneldy Cejas y Erduyn Maza (de izquierda a derecha). La Proa es miembro de la UNIMA en Cuba (Unión Internacional de la Marioneta) y del Centro Cubano de la ASSITEJ (Asociación de Teatro para la Infancia y la Juventud). Foto: cortesía de los entrevistados

Comenzó como una aventura. Una necesidad imperiosa de hacer y decir sobre la escena, con estilo propio. Los primeros pasos fueron pe­queños, pero poco a poco la constancia entre hilos y marionetas abrió los caminos. Hoy La Proa ya tiene edad adolescente: 13 años, y su trabajo posee el aplauso del más exigente público (el infantil) tanto dentro co­mo fuera de la Isla.

Integrada por seis actores —don­de todos hacen lo que sea necesario para sacar adelante cada proyecto— la pequeña tropa celebró su aniversario, luego de regresar de una gira por México. Con sus timoneles, los jóvenes actores y directores Arneldy Cejas y Erduyn Maza conversamos para conocer un poco más de cerca la trayectoria de La Proa y el apasionante oficio de dar vida a las figuras inanimadas.

—¿Qué los llevó a crear Teatro La Proa?

—Erduyn (E): Teníamos la necesidad de hacer teatro. Comenzamos dando pequeños pasos con un es­pectáculo de payasos que se llamó Travesuras de Narices Rojas. Lo estrenamos el 1ro. de junio del 2003 en el parque Jalisco Park, por el Día Internacional de la Infancia. Fue un espectáculo que nos motivó a querer al público y respetarlo. La necesidad de aprender nos hizo buscar a un maestro que nos dirigiera una obra y acudimos a Armando Morales. Hici­mos Los diablos en la maleta, un texto que se vio en varias provincias del país. Luego llegó Arneldy y más tarde Blanca Felipe.

—No existe en Cuba una formación académica propiamente di­cha para ser titiritero ¿Cómo se aprende el oficio?

—E: En Cuba, hoy en día, no existe formación académica, aunque en el ISA existe la Cátedra Freddy Artiles que hace varias acciones de superación todos los años. Existe también el Taller Internacional de Títeres de Matanzas desde 1994. En fin, acciones aisladas de superación, pero, en esencia, en Cuba un titiritero se for­ma en la escena, en los talleres, mi­rando teatro, en los grupos con los maestros que traspasan su sabiduría y conocimientos a los discípulos. Hay muchos ejemplos de esos maes­tros con sus discípulos en Cuba. Nosotros somos parte de esa his­toria.

—Arneldy (A): En la entrega del día a día; absorbiendo como esponjas lo que nuestros maestros nos enseñan; estudiando cada libro que cae en nuestras manos; observando todo lo que nos pueda servir para la escena o para el diseño y construcción, en el caso de quienes también construimos nuestros títeres; buscando intercambio con colegas de otros grupos. Tenemos que estar muy atentos, ser imaginativos, pues de cualquier rincón puede aparecer algo que nos inspire.

—La tradición titiritera en Cuba es rica y diversa, no obstante, a quienes consideran sus maestros…

—E: He bebido de muchas fuentes. En mi caso tuve a dos grandes maestros, muy distintos estéticamente: Lida Nicolaeva (directora del grupo Calidoscopio) y Armando Mo­rales (director del Teatro Nacio­nal de Gui­ñol). Dos directores muy diferentes que me enseñaron sobre todo que en el teatro, como en el arte, hay que apreciar la diferencia, porque en esa diferencia está la riqueza de nuestra cultura titiritera.

“En el mundo de la televisión, Julio Cordero. Con él hice mi primer personaje de peso en la TV (Gelasi­to, en Despertar con Pelusín).Y no puedo dejar de mencionar a Freddy Artiles en el Seminario de Dra­ma­turgia del Centro Nacional de In­ves­tigación de las Artes Escénicas (CNIAE). Me siento deudor de toda una tradición titiritera que se ve en los retablos día a día; pero creo que mi mejor escuela ha sido Teatro La Proa. Me siento orgulloso de todos los tropiezos y los aciertos”.

—A: Aprendí mucho con mi primer director Carlos Telot, en la Casa de Cultura Bonifacio Byrne, pero mi mayor escuela fue el Teatro Papa­lote de Matanzas; allí pasé por mu­chas plazas técnicas que me ayu­daron a conocer mejor el mun­do del teatro. Hasta que llegó el mo­mento de actuar en la primera obra profesional.

“Junto a mis colegas de la escena: las jimaguas Mayda y Migdalia Se­guí, Rubén Darío Salazar y Fredy Maragotto aprendí del trabajo dentro de los retablos. Trabajando a diario con Zenén Calero aprendí mucho de diseño. Jacqueline Ramírez fue quien me enseñó los trucos y secretos de la realización y René Fer­nán­dez, es el maestro de todos. Con él aprendimos el rigor y la disciplina de la escena y de la vida. Sus consejos y sabiduría me acompañan siempre y no hay un día que no los necesite y los ponga en práctica”.

—El teatro de títeres en Cuba, ¿goza de buena salud?

—E: Hay muchos grupos titiriteros en la isla y cada uno de ellos con su propia manera de hacer. Tienen su propia estética, diversos espec­táculos: populares, callejeros, que llegan a los rincones más intrincados, o espectáculos de salas.

“Creo que en esa diversidad está la riqueza. Hay que trabajar más por defendernos a nosotros mismos, de­fender nuestra manera de decir y hacer, pero eso solo se defiende ha­ciendo teatro sin cansarse. Hay que mostrarse ante todos los públicos. Sí, hay buena salud en nuestro arte en la isla. Hay muchos jóvenes actores que prefieren los títeres, pienso que eso es un buen síntoma.

—A: Estoy seguro que tiene buena salud. Hay muchos grupos a lo largo de toda Cuba que hacen muy buen teatro, aunque no todos ten­gan la posibilidad de verse en la capital y en los principales eventos. Muchos jóvenes le han tomado cariño a los títeres y lo hacen con mucho respeto. Todavía contamos con buenos maestros que entregan sus co­nocimientos a quienes los saben aprovechar.

—¿A cuál de todos sus montajes/títeres le tienen más cariño?

—E: No puedo escoger a ninguno, todos me han enseñado algo. Son una cadena, una obra se alimenta de otra, sin Cenicientaaaa!!!! no hubiera existido ni Aventura…, ni Mowgli…, ni Romance en Charco Seco, ni Érase una vez… un pato. En todas he dejado mi alma, mi sudor, mi pasión y ellas me han ayudado a ser un mejor ser humano, creo yo.

—A: Sin lugar a dudas, Mowgli, el mordido por los lobos es el espectáculo que más alegrías nos ha dado. Desde su estreno hasta la actualidad han transcurrido cinco años y aún está en repertorio y sigue alegrándonos. Sin embargo, Burrerías, que es nuestra obra más sencilla, nos abrió el camino fuera de las fronteras cubanas y ya se ha visto en Bolivia y México.

— ¿Qué los define dentro del panorama cubano?

—E: No pienso mucho en eso. Cuando estamos en un proceso siento que siempre empezamos de cero, pero nuestro público va buscando en nuestras obras el rigor en la animación de muñecos y en la actuación, nuestra propia identidad en los diseños, el color y nuestra propia manera de adaptar las historias. Asumimos el teatro de títeres como un entrenamiento que hay que ejercer día a día, y en esa ejercitación creo que va nuestra identidad.

—A: Quizá los temas que escogemos para llevar a escena y el tratamiento que les damos para decirlos a nuestra manera, sin ñoñerías, ni en­dulzamientos, donde el espectador (sea niño o adulto) se vaya a casa con algo en qué pensar. El trabajo de los actores en escena, fuera del retablo, a la vista del público, donde el espectador puede ver cómo siente el actor al darle vida al muñeco, sin aforos. Y sobre todo la disposición de querer llegar hasta el último rincón donde haya un niño que pueda ver nuestro trabajo.

—Además de montar obras para niños tienen espectáculos titiriteros para adultos como Ro­­mance en Charco Seco. ¿Harán algún otro montaje para este público?

—A: Antes de Romance… hicimos Show de estrellas, que no es más que un espectáculo de variedades musicales con títeres, inspirados en grandes figuras de la música cubana y de otros países. Romance en Charco Seco, es una versión de Amor de Don Perlimplin con Be­lisa en su jardín, de Lorca, traída al campo cubano de la actualidad y que dedicamos a los pueblos de parrandas del centro de Cuba y al Guiñol de Remedios, un grupo titiritero que trabaja y vive en uno de estos pueblos.

“Fue un empeño que nos llevó mucho trabajo y que sentimos que aún se puede seguir presentando en los pueblos a los cuales lo dedicamos. Actualmente estamos en los trabajos de mesa y en la construcción de los muñecos de nuestro próxi­mo espectáculo para jóvenes, que estrenaremos en la III Bacanal de Títeres para Adultos, un evento del cual nuestro colectivo forma parte del equipo gestor desde su primera edición y donde dirigimos el Cabaret Titiritero.

—Hace unos meses estuvieron por Dinamarca, Bolivia y luego México, ¿cómo fue la experiencia? ¿Qué nuevos proyectos tienen entre manos?

—E: Las presentaciones en Méxi­co y Bolivia nos sirvieron para constatar con otros públicos nuestro arte. Es una experiencia única que nos retroalimenta y es imprescindible para nuestro crecimiento. La experiencia en Dinamarca nos hizo crecer y nos llenó de deseos por el teatro de nuestro país.

“Tenemos muchos planes, mu­chas obras por hacer. Estamos llegando a los 15 años de trabajo y es­peramos llegar con nuevos es­pec­táculos para niños y para adultos. Queremos que nuestra Proa siga navegando con los amigos de siempre y que se sigan sumando mu­chos más, que cada amigo ven­ga con un títere en su mano, o con grandes deseos de hacer teatro, o de ver teatro.

“Deseamos mejorar nuestro es­pacio, con luces y condiciones para hacer funciones habituales. Radi­ca­mos en pleno corazón de La Habana Vieja, en una casona de las más antiguas de la ciudad. “Ven­drán nuevas temporadas, giras, talleres, eventos. Teatro La Proa está navegando con viento titiritero, cuan­do nos vean en las carteleras de los teatros no dejen de pasar y si lo desean nos regalan una sonrisa, o un aplauso”.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.