El bailarín actúa. El actor danza. La escena cubana se contamina… lo sabemos. Puentes transitables sin distinciones que dan sentido a la labor constructiva y multidisciplinaria del arte. Sobre estos pasos encontramos asentada una parte del movimiento danzario nacional. Creadores, digamos, inquietos que explotan todas las posibilidades del movimiento supeditado a un inteligente rejuego dramatúrgico.
Nadar en seco es una de estas obras o piezas coreográficas, si se quiere. Cuatro textos (El país del arte, La caída, La Isla en peso y La cirugía plástica) de Virgilio Piñera son el motivo. La plataforma donde cinco intérpretes nadan en seco sobre la genialidad del escritor y dramaturgo.
Dirigidos por la coreógrafa y bailarina Lynet Rivero, Yaité Ruiz, Arianna Tejado (ambas actrices), George Abreu (actor), Diana Mary Cano Rodríguez y Eglier Morales (bailarines) accionan con su cuerpo un entramado que aborda desde la insularidad universal hasta la estilización occidental del cuerpo femenino, desde el equilibrio y la mesura hasta lo orgiástico. Un sinfín de tópicos que recaen en la acción poética del movimiento.
Montada en pequeñas escenas o cuadros independientes, cada uno con un principio, desarrollo y final, la puesta —de tan solo una hora de duración— entrecruza el movimiento corporal, la improvisación, la música (a veces en vivo) y la imagen audiovisual con una avasallante carga significativa, todo lo cual logra mantener la atención del público especialmente en el momento en que un espectador se convierte en parte integral del montaje. Yaité Ruiz interactúa con alguien del público y lo lleva al proscenio para ser su contraparte masculina.
El desempeño de la joven actriz, una de las más versátiles de la escena contemporánea, es siempre una carta de triunfo. Llena de matices, desdoblamientos y belleza plástica, Ruiz es una intérprete de carácter que asciende a la categoría de rito y misterio: es inquietante y reveladora, es fuerte y dulce, es precisa y camaleónica a la vez.
Por otra parte, el discurso escénico también explota las individualidades interpretativas de los otros protagonistas y tal parece que cada una de esas criaturas de isla no tiene aprendido su papel, sino encarnado. Mientras, la iluminación y los efectos del montaje son sobrecogedores, lo justo. El vestuario igualmente desprovisto de espectacularidad, funciona como uniforme de la vida cotidiana. Los elementos de utilería son los imprescindibles.
En resumen, Nadar en seco es un trabajo auténtico, pletórico de incitantes sugerencias. El éxito reside, precisamente, en su multidisciplinariedad. Aplaudimos, entonces, esta contaminación que invade desde hace algún tiempo, y para bien, nuestra escena danzaria.
La obra se vuelve a presentar hoy viernes 3 y mañana 4 de junio, en la sala Raquel Revuelta en el marco del Festival de las Artes del ISA. De todas formas, ya está avisado: no es solo teatro, no es solo danza lo que va a ver.











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maikel dijo:
1
3 de junio de 2016
15:55:31
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