ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Las FAR contemplan entre sus prioridades la vida cultural de sus comunidades. Foto: De la autora

Para tener idea del trabajo cultural que tiene lugar en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) bas­ta con acercarse al reparto Sierra Maes­tra, en Managua, ubicado en el capitalino municipio de Arroyo Na­ranjo, donde se encuentra la Gran Unidad de Tanques de la Gloria Com­bativa Rescate de Sanguily, Or­den Antonio Maceo.

Con el nombre de Sierra Arte, pa­ra hacer honor a la comunidad que fundara hace más de cuatro décadas el Comandante en Jefe Fidel Castro, funciona el proyecto artístico cultural en el que se insertan un grupo de acciones con voz propia destinadas a mostrar a los lugareños cuánto se puede hacer en materia de cultura cuando el propósito es cultivar el espíritu humano.

La propia Unidad de Tanques has­ta donde llegan a pasar su Servicio Militar General, soldados de las provincias de Granma, Las Tu­nas, y  Ca­magüey, entre otras, es, independientemente de sus deberes militares, un centro que asume una vida cultural. Tengamos en cuenta que desde que llegan allí los jóvenes se selecciona a los que poseen aptitudes artísticas para que se puedan desempeñar en estas labores a la par de su correspondiente formación militar.

Yoán Amaya Falcón, uno de los soldados que hace apenas ocho me­ses llegó a la unidad, y quien dirige el grupo musical Acero Son, refirió a Granma algunos pormenores de su trabajo en estos menesteres. “Des­de que llegamos un oficial recogió el nombre de los aficionados en  música, danza, teatro…, y aunque yo no estudié en una escuela sé tocar el piano y cantar. Lo aprendí empíricamente, pero me gusta mu­cho hacerlo. Ensayamos todos los días a las dos de la tarde y tocamos en la comunidad y en los homenajes a los oficiales”.

Justamente de la recepción del grupo ofreció su opinión Jorge Ja­vier Ramos, uno de los soldados pro­venientes de Bayamo: “Ellos son una parte importante de nuestro entretenimiento aquí, tocan muy bien y con mucho entusiasmo. El grupo es esencial para nuestra distracción”.

Estos muchachos reciben una preparación cultural también desde la Historia. Desde que llegan son con­ducidos al Museo comunitario denominado Sala de Historia de la División de Tanques en el que se re­coge todo lo concerniente a las me­morias de la Gran Unidad de Tan­ques y además, hay una sala donde se exponen referentes de la vida y obra del Comandante de la Revo­lución Juan Almeida Bosque, fundador de este campamento el 9 de enero de 1959, que era una instalación militar de la dictadura de Ba­tista. Al tomarla, se le da formación a la primera unidad revolucionaria  de las Fuerzas Armadas que iba a nacer, se formó el Regimiento 26 de julio y con él el primer batallón blindado con el objetivo de la defensa de la capital.  

El Museo, explica el teniente co­ronel de la reserva, José Trutié Mén­dez, historiador e instructor para el  trabajo cultural dentro de la Gran Unidad de Tanques, forma parte del proyecto cultural al que llegan jóvenes reclutas y miembros de la comunidad; aquí se realizan peñas, tertulias, presentaciones de libros, asisten aficionados y también artistas profesionales y se hacen actividades culturales asociadas a la vida y obra de Juan Almeida. Es uno de los primeros lugares que ellos visitan cuando llegan. Para que conozcan donde van a pasar el  servicio militar y sepan la historia de la comunidad con la que van a interactuar.

Pero no solo los soldados están tan estrechamente ligados al arte y al conocimiento dentro del área del reparto. Hasta los centros docentes llegan los ecos de Sierra Arte. La visita a la escuela primaria Héroes de la Sierra Maestra permite apreciar es­tas aseveraciones a juzgar por la calidad de sus manifestaciones culturales, puestas a prueba en muchas ocasiones  frente a los vecinos del entorno.

Elena Pérez Torres, directora del plantel, explica que dentro de la es­cuela hay un grupo de danza y un coro, apoyado por instructores y también por Jilma Virginia Mila­nés, jubilada de Educación y primera di­rec­tora de la escuela, que ahora co­labora en el asesoramiento de las actividades culturales, porque tiene además una vasta formación mu­sical.  

El vínculo de los niños con la unidad es directo. Hablamos de una comunidad modelo que se fun­dó con 310 casas y ahora cuenta con 7 800 habitantes marcados por el sentido de pertenencia con su en­torno y con cuanto se hace en esos predios.

Sierra Arte aglutina a todos los habitantes de la comunidad, sin excepción, y a la vez los involucra,  —explica Trutié. La razón la de­muestra la estudiante de saxofón Arianna La O, de noveno grado, del Conser­vato­rio Alejando García Ca­turla: “Vi­vo cerca de aquí. Pero me han pedido que cante con el coro y he venido con mucho gusto”.

Por otra parte Kevin Osmel de Diego Mederos,  solista, agrega: “Yo estudio con la profe Virginia, en su ca­sa, pero cantar en público me en­canta. No hay nada como ver a la gente emocionada después que can­to con el coro”.

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