ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El poeta Roberto Manzano. Foto: Yaimí Ravelo

De esa energía vibratoria que es capaz de crear la poesía cuando es ella la protagonista de un encuentro pudieron dar fe quienes asistieron al espacio poético Amor de Ciudad Grande, al que fue invitado el poeta avileño Roberto Manzano.
No es difícil contagiarse con esas bondades que emanan de la palabra poética de Manzano, para quien solo es posible retener la poesía si está sustentada por la generosidad. Después de escuchar, entre poema y poema, sus puntos de vista en torno al acto lírico, se sale “como de un baño de luz”, iluminados los oyentes por la honda sapiencia de su verbo, vestido de sencillez absoluta, ra­zón, tal vez, por la que convence sin mucho es­fuerzo.

El poeta Alpidio Alonso —conductor de la ve­lada y director de la revista de poesía Amnios, donde también ha trabajado Manzano como jefe de Redacción— esgrimió un grupo de elementos propios de las presentaciones, que intentaron inútilmente resumir la labor de su invitado.

Más de 25 libros publicados —Canto a la sabana, Synergos, Tablillas de barro, Encaminismo y La piedra de Sísifo, por solo citar algunos—;  varios premios entre los que cuentan el Nicolás Guillén de México en el 2004 y el homónimo en el 2005, de Letras Cubanas; una actividad ininterrumpida de talleres y cursos sobre poesía, como el que está teniendo lugar ahora todos los sábados en el Centro Dulce María Loynaz, son algunos de los rasgos que identifican al poeta.

Conocedor profundo de la obra que están escribiendo los jóvenes hoy en Cuba, avalado en gran medida por el diálogo constante con los jóvenes creadores, Manzano está produciendo una teoría para el análisis de la poesía y tiene ya un grupo de categorías para acercarnos a ella. Convencido tal vez de la necesidad de escribir la historia de la literatura y de la carencia de crítica literaria, está enfrascado en compilar lo mejor de la lírica cubana. De ese empeño ya ha visto la luz el primer tomo de El bosque de los símbolos. Patria y poesía en Cuba.

En tres tomos que recoge la poesía escrita en Cuba hasta 1959, El bosque… cuenta también con una factura ensayística que introduce el grupo de poemas del autor escogido. Una obra que, se­gún explica, “deberá tener una continuidad pe­renne en los años venideros” pero que agradecerá su génesis a este hombre que dice ser un “un soldado de la poesía”.
Para leer al fin sus textos y después de agradecer la presencia a Roberto Fernández Retamar en el público, pidió el voto de la nostalgia. “Los escribí cuando tenía 20 años”, dijo. La estampa rural, la angustia del campo, la estética de la intemperie y la estirpe aparecieron en los poemas de ¡Caramba!, Potro de Luz, Corteza y andadura y La visita interior.

Continuó su lectura con versos que definen la persistencia del poeta: “Me será clausurada alguna puerta, entraré, / (…) Yo me siento en la puerta del camino ofreciendo palabras”, y después se refirió en términos literarios a su oficio preferido: “Yo celebro los útiles / del hombre en el planeta / y el follaje infinito de las ocupaciones / (…) sin embargo, yo escojo / ser un guardabosque / tan solo un guardabosque”.

Otros textos, entre ellos algunos de su serie de Discursos —el de Tersites, el de San Francisco de Asís, y el de Rusell H. Conwell—  alcanzaron un punto alto en la secuencia de lecturas.

Después, conversando con el auditorio, habló de esa metáfora recurrente en su obra que son los caminos y recordó una de las más lejanas imágenes que conserva de su infancia sin cuyos recuerdos, dice, no podría escribir poesía.
“A nuestro estado primario, que en mi caso es el campo, volvemos una y otra vez para rechazar, para continuar…, porque nos da motivos para orientarnos en nuestra evolución personal. En mi poesía hay siempre un horizonte, un cielo y un paisaje por el que se debe avanzar.  No se tiene la respuesta pero se sabe que hay que hacerlo.

“Los buenos poetas —continuó— son artífices de la introspección, entran, buscan en su mundo interior y escriben. Yo capté, en un ejercicio de introspección una imagen en la que me encuentro con mis padres tratando de cruzar un río.  Esto es un delirio, una cosa alucinante pero la poesía está hecha de delirios”.

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Joseph sarria dijo:

1

2 de octubre de 2014

01:20:31


Enorme poeta, maravillosa forma de enfocar la poesía con el sentir del delirio poético. Sus delirios son lo ocurrido en el pasado, aquello que recurre constantemente en su mente, hasta que son exorcizados de su intimidad poeticamente. Mi enhorabuena maestro. Lo admiro inmensamente

Omar dijo:

2

2 de octubre de 2014

16:26:47


Estimada Madeleine, por razones ineludidibles no puede acudir al encuentro con mi viejo amigo Roberto Manzano en el espacio poético Amor de Ciudad Grande, que tan certeramente conduce otro buen amigo, Alpidio Alonso. En cambio, la lectura de su comentario en la edición del Granma Digital de hoy, me ha emocionado muchísimo y ha traído a mi mente recuerdos de cuando Manzano publicaba esos textos primigenios que ayer leyera. Él es un poeta extraordinario, que se ha hecho desde la sencillez y la humildad, como bien Usted señala, y que nos honra a todos los cubanos. Le agradezco su precisión al contar lo sucedido, esa belleza con que dice las cosas, de modo tal que nadie puede negar que responden a un estado de gracia, el de la poesía. En fin, le agradezco la suerte de haber “estado” en la lectura de Manzano guiado por Usted. La saluda, muy cordialmente, Omar González