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Octavio Paz (1914 - 1998) Foto: Instituto Cervantes

El centenario del nacimiento de Octavio Paz (31de marzo de 1914) debe servir de catalizador para la difusión entre nosotros de una obra poética esencial y un repertorio de ideas imprescindible para la comprensión del arte desde los tiempos precolombinos hasta la modernidad.

En la creación lírica y en la ensayística se hallan indudablemente los más altos valores del legado intelectual del escritor mexicano, curiosamente más citado y referenciado en nuestro país que leído de primera mano.

La publicación de un volumen de la serie Valoración múltiple, de la Casa de las Américas, institución en cuya revista ha sido una presencia notable gracias a la lúcida gestión editorial de Roberto Fernández Retamar, y la puesta al día de sus apreciaciones críticas sobre arte, en la cual mucho ha tenido que ver la labor del poeta y ensayista Rafael Acosta de Arriba, se han sumado en los últimos tiempos a la visibilización de la obra de Paz,  pero se echa de menos una mayor familiarización con su producción literaria que nos permita ponderar su real jerarquía y asimilar sus aciertos, de mucha mayor permanencia y calado que los juicios políticos de una criatura que en su juventud se identificó con las ideas socialistas y la defensa de la República Española y luego involucionó hasta llegar a aplaudir  al final de su vida el modelo neoliberal. Prejuicios y cegueras propias y un desmedido afán de protagonismo como hombre público explican sus desencuentros conla Revolución Cubana, el sandinismo y la izquierda mexicana.

El Octavio Paz que nos pertenece y al que no debemos renunciar es el que se revela poéticamente como un transformador de la función de la palabra y un constructor de imágenes que traducen la experiencia interior del ser humano.

Un poeta que bebió de las fuentes del surrealismo y a tiempo decantó sus influencias para labrar un camino propio, como se observan en las páginas de sus poemarios Luna silvestre (1953), Libertad bajo palabra (1960), Salamandra (1962) y Árbol adentro (1987) y que pulsó hasta las últimas consecuencias el despliegue experimental en Blanco (1966), cuaderno que por su disposición nos recuerda la intención poliédrica que en la novela había logrado poco antes Julio Cortázar con Rayuela.

El notable escritor mexicano Juan Villoro, fijó recientemente la dimensión de la poética de Paz con estas justas palabras: “Su vasta obra fue, entre otras cosas, una puesta en claro del idioma. La hondura y variedad de sus ideas provocaron que en ocasiones fuera percibido como un autor de gabinete, de exclusivo interés para un círculo de selectos especialistas, un especulador ajeno al flujo de la vida. Nada más falso. )…) Su principal gesto poético fue el de atrapar el instante como un destello cargado de otro tiempo. Paz supo oír la caída de las piedras, las voces sueltas, el oleaje de lo diario”.

En cuanto a su ensayística, para muchos fue un descubrimiento el libro El laberinto de la soledad (1950), indagación acerca de la psicología social y cultural del mexicano, no tanto por lo que dijo sino por un modo de expresión que renovó la tradición reflexiva que en España había tenido un momento estelar en José Ortega y Gasset y en su país el extraordinario caso de Alfonso Reyes.

Aunque se pueda o no estar de acuerdo con  todas sus aseveraciones, si se quiere penetrar en universos tan disímiles como los del creador del ready made y la poetisa mayor de la época colonial mexicana, habrá que visitar las monografías Marcel Duchamp o el castillo de la pureza (1968, ampliada cinco años después en Apariencia desnuda) y Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982).

Octavio Paz, fallecido en Ciudad de México el 19 de abril de 1998, fue honrado en vida a la altura de su ejecutoria intelectual con el Premio Cervantes (1981) y el Nobel (1990). Pero, sin lugar a dudas, la mejor manera de honrarlo pasará por la recepción crítica que de su obra hagamos en lo adelante.  

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Juan Malpartida dijo:

1

1 de abril de 2014

06:08:50

¿Y por qué no se lo leerá de primera mano? ¿Se puede encontrar en las bibliotecas "El ogro filantrópico"? Por otro lado: Paz nunca aplaudió el modelo neo-liberal, aunque sí vio con buenos ojos una alianza de socialismo (democrático) y liberalismo (libertad de mercado).