ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Yonat Véliz se encargó de conseguir el título que hubiera conquistador Luis Orta. Foto: Ricardo López Hevia

Santo Domingo.– Oscar Pino fue el encargado de ponerle el broche de oro a una actuación colosal para la lucha cubana. Con su victoria en los 130 kilogramos, el gigante capitalino ratificó su jerarquía en la región y elevó a diez la cosecha de títulos de este deporte en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo-2026.

En el combate por la corona, desmanteló la resistencia del hondureño Gino Ávila. Tras un primer período de estudio que cerró con ventaja de 2-0, el antillano desató un vendaval de empujones en el segundo parcial para decretar la superioridad técnica en menos de un minuto.

«Al principio el pleito se hizo algo trabado porque él se enfocó exclusivamente en defenderse. Sin embargo, ese esfuerzo lo fue desgastando. No me desesperé, esperé mi momento y en el segundo tiempo el trabajo se me facilitó», explicó Pino tras bajar del tapiz.

Con un expediente que incluye múltiples preseas mundiales y continentales, asume con absoluta madurez el reto de liderar la división de los 130 kilogramos tras el retiro del legendario Mijaín López.

«He salido a cumplir lo que me toca. Tengo una responsabilidad inmensa en esta categoría. Obviamente, el vacío que deja Mijaín es imposible de llenar y la gente siempre va a comparar, pero yo debo trazar mi propio camino. Es la única forma de honrar su legado y mantener viva la obra que él construyó para nuestro pueblo», enfatizó.

El estelar súper pesado, que agradeció la valiosa base de entrenamiento realizada en China previa a la cita, reafirmó que su mirada está fija en las grandes metas del ciclo: el Campeonato Mundial, los Juegos Panamericanos Lima-2027 y la ansiada medalla olímpica en Los Ángeles-2028.

La noche también reservó un lugar de honor para Daniel Gregorich, quien inscribió su nombre en los libros de récords al conquistar su tercer título centrocaribeño consecutivo en los 87 kilogramos.

En la gran final, Gregorich necesitó menos de dos minutos para despachar por superioridad al anfitrión dominicano Johan Batista, haciendo gala de una técnica depurada con movimientos amplios. Sin embargo, la verdadera prueba de fuego había ocurrido en semifinales ante el experimentado venezolano Luis Avendaño (6-1).

«Esa semifinal fue un combate deslucido porque el rival acudió a artimañas y no luchó de forma limpia. Tuve que mantener la calma, abstraerme de las provocaciones y dedicarme a hacer lo que sé sobre el tapiz», relató el tricampeón.

Al reflexionar sobre el significado del triunfo, Gregorich lo dedicó a sus seres queridos: «Nos hemos preparado con un sacrificio enorme, compartiendo las dificultades que vive nuestro país. Esta medalla es para mi esposa, mi familia y la gente de mi barrio. Ellos también se privan de nuestra presencia durante meses para que podamos entrenar, por eso este oro les pertenece a ellos».

Una de las historias más emotivas de la velada la protagonizó el joven Yonat Véliz en los 67 kilogramos. Con la difícil misión de sustituir a última hora al astro olímpico Luis Orta, enfermo de arbovirosis antes del viaje, el monarca panamericano júnior de Cali-Valle y subcampeón en Asunción demostró una madurez competitiva asombrosa al superar por 2-1 al colombiano Carlos González en una final muy cerrada.

«Para mí es un orgullo inmenso ganar este oro que, seguramente, Orta hubiese conquistado. La clave estuvo en que entrené muchísimo a su lado durante la preparación. Hoy, minutos antes de salir al colchón, Luis me llamó por teléfono, me indicó exactamente cómo encarar al rival y me transmitió la seguridad de que saldría victorioso», reveló conmovido.

La ruta dorada de la grecorromana la había inaugurado temprano Kevin de Armas en los 60 kilogramos. El agramontino se convirtió en bicampeón centrocaribeño al silenciar al público tras derrotar 3-1 al dominicano Yerony Liria.

«Sabía que enfrentaba a un rival local y que eso le daba un impulso extra con el público. Diseñamos un plan por segmentos: marcar primero y luego controlar el ritmo para no ceder la iniciativa», dijo.

La única nota amarga de la jornada aconteció en los 97 kilogramos, donde el campeón mundial y bronce olímpico Gabriel Rosillo quedó al margen de la final tras sufrir un accidente técnico en semifinales ante el hondureño Kevin Mejía.

Mientras dominaba la pizarra 5-2 tras ejecutar una proyección de cuatro puntos, Rosillo cayó en una posición incómoda con el brazo comprometido, lo que aprovechó su rival para anotarse la pegada.

Pese a la amargura del momento, el estelar gladiador demostró su casta de campeón al reponerse anímicamente para salir a ganar con autoridad la medalla de bronce. «Iba bien, pero caí mal y se dio esa acción. Estoy triste por lo individual, pero inmensamente feliz por los oros de mis compañeros. Con esa inspiración salí a buscar el bronce, porque la meta siempre es aportar a la delegación», expresó con encomiable humildad.

Con esta actuación, la lucha cubana vuelve a cumplir su compromiso con la patria, ratificándose como la «locomotora del deporte cubano» en escenarios internacionales desde hace más de tres décadas.

Foto: Ricardo López Hevia
Foto: Ricardo López Hevia, Getty Images.
Foto: Ricardo López Hevia
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