Caracas, Venezuela.– Dicen –en Cuba y en Venezuela– que la lluvia «se lleva lo malo», «limpia el camino». Insistentes, ayer las nubes no descansaban en esta tierra, como si bendijesen la fecha y augurasen un futuro mejor. A ratos amainaba, pero solo para que hijos de ambas patrias, y de otras lejanas tierras, «tomasen» la Cancillería.
Y es que, como dijo en la cita el ministro de Exteriores de esta nación, Yván Gil, «cada vez que tengamos una dificultad, la respuesta la podemos encontrar en Fidel». Su claridad y transparencia en el hacer, como el agua, marcaron para bien el destino de Nuestra América.
A ese hombre de fuerza telúrica, discípulo de Bolívar y de Martí, se le rindió homenaje en la sala Salvador Allende, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, con la presencia de Jorge Arreaza, secretario general del alba-tcp, y como parte de los festejos que se llevan a cabo en este país, por el aniversario 98 de su natalicio.
Con la ayuda del Centro de Estudios que lleva su nombre, llegó a este espacio la exposición fotográfica Fidel Castro. Guerrillero del tiempo, que a decir del embajador de la Isla, Dagoberto Rodríguez Barrera, es «evidencia de la grandeza histórica de su pensamiento».
Desde el niño que en Birán amaneció a la vida un 13 de agosto, hasta «el líder de los antimperialistas del mundo», el que tocó a millones de personas con «la maravilla de la solidaridad cubana», se reflejan en la muestra colectiva, que permite también una visita virtual.
«Fidel fue el político más importante del siglo xx y de gran parte del siglo xxi en América Latina (…), no solo por su acción revolucionaria y las grandes trasformaciones que inició en Cuba (…), sino por el legado tan importante, novedoso y trascendente que nos dejó», aseguró Yván Gil, en la inauguración.
¿Cómo no pensar, que la lluvia de esa mañana fue un augurio de esperanza y renacer, para Venezuela y para la región?









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