
Hace ya muchos años le escuché decir al mítico segunda base Félix Isasi, que cada vez que salía a competir en el extranjero, y muy a pesar de las cosas buenas, con el paso de los días se moría de deseos por regresar a la Patria y encontrarse con los suyos.
«No había nada más sabroso que reunirse con la familia y con los amigos, ese era el interés primordial, además de sentarme en las gradas del Palmar de Junco, cerca de la casa, y hablar de pelota con la gente del barrio que con tanto afecto lo recibía a uno en el vecindario».
Si la memoria no me falla, Isasi no decía nada sobre regalos. Debió estar distraído, desbordado por el amor hacia la pelota y el cariño de su pueblo, que era lo único que a fin de cuentas le interesaba.
A menudo rememora, eso sí, su encuentro con Fidel en 1970, a propósito de la pelota escondida en el juego final del Mundial de Cartagena. «Le saqué out al americano, que luego se quiso “fajar” conmigo, pero fue out. Aquella jugada nos sacó de un aprieto, y ganamos el torneo. Al regreso, el Comandante en Jefe lo felicitó y quiso que le detallara cómo había sido todo».
La anécdota viene a cuento más que nada porque, además de infundir respeto, admiración y cariño en todo el mundo, el lugar 14 de Cuba en los Juegos Olímpicos de Tokio-2020 inspira también grandes envidias en aquellos que odian a la Revolución y a su pueblo.
Ahora se burlan de la sencillez con que reciben a algunos atletas en sus localidades, y con la intención de lesionar el orgullo nuestro, aluden a que en países de la región tenían previsto la entrega de grandes sumas de dinero para quienes resultaran campeones olímpicos o ganaran alguna medalla.
Nada, no es otra cosa que el desprecio por los humildes. Tratan de ridiculizar con la exposición de mesas en las que aparecen obsequios tan modestos como platos caseros, entre otros presentes sencillos, pero ofrecidos gustosos, con gratitud, por la gente del barrio, por los suyos.
Ahí está precisamente el secreto del berrinche y la frustración. Les incomoda que haya personas que no se encandilen con lo material, más allá del mito romántico de que el dinero no hace falta. Les fastidia que, siendo pobre y con escasos recursos, golpeado más que nunca por las circunstancias y el criminal bloqueo, sea Cuba el país de América Latina con más medallas en Juegos Olímpicos, por delante, inclusive, de naciones ricas como Canadá, Noruega y España.
Es una proeza sin precedentes, digna del salón de la fama. Al final, uno se pregunta qué están buscando con estos nuevos trucos, esta vez, para restarle importancia a la ternura y gratitud con que el pueblo recibe a sus campeones, gesto noble que tiene más riqueza que todo el dinero del mundo.
Como el emblemático intermedista Félix Isasi, hay cientos y miles de deportistas y campeones cubanos que el único lugar donde se sienten a gusto es en su barrio, en su Cuba.
Una vez le preguntaron al joven boxeador Andy Cruz, ahora campeón olímpico en Tokio, si no había sentido tentación por pelear en el boxeo profesional, en el que pagan importantes sumas de dinero, y el muchacho respondió: «Cuando gané el campeonato mundial de Hamburgo, se acercaron a mí y me propusieron firmar un contrato para entrar en ese mundo. Pero imagínate, qué le digo yo después a mi pueblo, a la gente de Alacranes... Y si me atreviera, estoy seguro que mi mamá es capaz de coger un avión y traerme arrastrado por una oreja».
julio cesar dijo:
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16 de agosto de 2021
15:58:08
esos son nuestros muhachos,lleno de himildad poro mucho amor a la patria, a su tierra ellos le ponen corason a nuestra cuba cada vez que estan en ecenarios internacionales, sigamos adelante, la patria siempre le estara agradecida.