La victoria de Julio César La Cruz alegró a los cubanos de una punta a otra del archipiélago, y quizá en reciprocidad, en cuanto se supo campeón olímpico, el agramontino dijo, visiblemente feliz: «Te amo, Cuba».
Ningún adversario pudo sacarle de la cabeza la idea de quedar bien con los suyos, de entregarle el título a su pueblo. No puede faltar la medalla dorada del capitán, había declarado anticipadamente.
Su victoria por el título era una de las más esperadas de la escuadra antillana, no solo por su distinción natural, la gracia en el ring, y por tratarse de un atleta que pone arte en el boxeo, sino, sobre todo, por su disposición de siempre y por la lección de dignidad que había dado ya en estos Juegos, al término de uno de sus combates anteriores.
«¡Qué madrugada nos has dado, Julio César!», escribió en Twitter Miguel Díaz-Canel,iiPrimer Secretario del Partido y Presidente de la República, tras elogiarlo por su medalla de oro en la división de los 91 kilogramos.
«En la Patria se sintió el Te amo, Cuba que dijiste cuando ganaste tu segundo oro olímpico. Felicidades, muchacho, tu pelea fue rotunda. Ya tenemos seis medallas de oro y nuestra pequeña Isla ocupa el lugar 13 en el medallero. ¡Qué hazaña!», escribiría con emoción.
Los cubanos esperan por otra medalla de oro que puede venir de los puños del bailarín de Alacranes, el matancero Andy Cruz.
Ya la fiesta grande del deporte se acerca a la recta final, un evento aplazado de su fecha original y que debió eludir mil escollos para lograr definitivamente su celebración, a pesar del incesante acecho de la COVID-19.
Será la culminación de dos semanas de sobresaltos, de sueños cumplidos, de récords, de alegrías, de momentos culminantes y de decepciones, y que una vez más sitúa a Cuba, país pequeño, bloqueado y de escasos recursos, en un sitial de privilegio y en la vanguardia de las naciones latinoamericanas.
Lázaro dijo:
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7 de agosto de 2021
06:44:19
Gracias por esa medalla Campeón.