Si bien la pandemia impidió repletar el pequeño apartamento, nadie durmió en el edificio 31 del Reparto Rajayoga, donde reside Rafael Yunier Alba, «Pocho», un joven que se da a querer en el barrio.
«Todavía estoy temblando», dijo a Granma Alina Castillo Duharte, profesora de la Universidad Militar Mayor General José Maceo, la madre del atleta, quien honrando el apellido que refleja la primera luz del amanecer, regaló a la afición cubana, y en especial a ella, la medalla de bronce que inscribió el nombre de Cuba en el medallero de Tokio-2020.
«Yo nunca veo sus combates y esta vez mucho menos, porque sabía que no estaba tan bien preparado como en otras ocasiones debido a la COVID-19», nos dice la madre.
Respecto a la pelea, reconoce que «mucho le dolió esa derrota inicial, porque temía que se derrumbara su sueño de ganar una medalla olímpica, que era también el mío, pero me llamaron amigos y vecinos para darme ánimo, como el doctor Negrete, del equipo, y Manolito, quien fuera aquí su primer entrenador, lo que me llevó a confiar en su palabra de darlo todo por Cuba.
«Después del triunfo hablamos por teléfono, lo sentí muy contento, un resultado que me sacó las lágrimas de alegría y que tanto ha disfrutado nuestro pueblo, como reconoció hasta nuestro Primer Secretario del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel», señala la mama de «Pocho».