Estamos en pleno playoff de semifinales de la IV Liga Élite y el reto más grande para nuestro beisbol pasa por su arista motivacional. Esta, que tiene que nacer primero en el terreno, es la que logra convocar a la afición.
Algunos colegas y seguidores de la pelota me han dicho que esta cuarta versión es inferior en calidad a la Serie Nacional, cuando se supone que sea un certamen que reúna más calidad, por la toma de siete refuerzos iniciales, dos más ahora y otro para la final.
Pero el asunto va más allá. En mi opinión, los peloteros están haciendo un esfuerzo colosal. No es nada sugerente jugar a grada vacía y saber que pocos los siguen por la TV, pues la situación energética que vive el país, por el cerco asfixiante del gobierno de Estados Unidos, atenta contra el lleno del estadio, y aún más para verlo en la pantalla.
A eso hay que sumar la coincidencia en el tiempo con la Copa Mundial de la FIFA, un evento calendariado cada cuatro años que nadie en el planeta quiere perderse. Entonces hay que decidir, cuando hay corriente, entre ver a Messi y a Cristiano Ronaldo o la Liga Élite, y la verdad es bien difícil no gritar gol en vez de jonrón.
Tampoco le es fácil a la Liga convocar porque dista del nivel que pudo tener, pues varios de los peloteros, algunos de ellos claves en sus equipos, cumplen contratos en el exterior. Esto es un lastre pesado que algunos ven como un mal necesario y otros claman por resolver.
Aun así, y aunque nadie quiere ver el estreno de un playoff con un marcador de 24-12 y mucho menos otra paliza de 14-0 al siguiente día, como hizo Las Tunas con Holguín, la Liga ha logrado llegar a su instancia final.
Eso es muy importante, y lo es todavía más que en esta etapa de postemporada los directivos y entrenadores muevan los resortes emocionales de sus pupilos, porque los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo-2026 están a un mes.
Sería de las filas de los principales equipos de la Élite y de los jugadores en contratos en otras ligas que salga el grueso de la selección que intentará devolverle a Cuba el sitial de honor de esa cita regional, cuya última corona fue en Veracruz-2014.
Creo que, en ese sentido, el torneo liguero aportaría un grupo interesante de peloteros, quienes estarían aptos para responder a esa exigencia. De ahí la importancia de que esta fase logre sacar de ellos lo mejor de su talento.
En ese empeño, los mentores y cada colectivo de dirección tienen la máxima responsabilidad. Si la asumen como si fueran técnicos de ese futuro equipo, los jugadores se empeñarían aún más a fondo.
Y con esto de los marcadores desproporcionados, hay que recordar que un juego no se parece a otro, que son siete partidos y hay que ganar cuatro. Entre dos elencos que destrozan pelotas –los Leñadores y los Cachorros–, nunca se sabe cómo termina la fiesta.
Industriales y Mayabeque le dieron otro matiz a la apertura, con un juego que nada tiene que ver con esas pizarras más parecidas a la del balonmano que a la de beisbol.
La exigencia ante un conjunto dotado de mucha potencia al bate, como el mayabequense, siempre será máxima. Pero si Industriales sale con la condición de favorito es porque su pitcheo es casi una rareza de efectividad en este calendario beisbolero.
El Mundial de fútbol se va, la pelota se nos queda, entonces desde el terreno démosle ese cariñito necesario para que nos siga convocando y hagamos un mejor equipo Cuba a Santo Domingo-2026.










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