ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Julio Rodríguez le robó un jonrón a Aaron Judge. Foto: Captura de video

Cuando se ama el beisbol y se tiene el privilegio –por supuesto, por el trabajo que uno realiza y no por ningún mérito personal– de compartir con excelentes profesores, jugadores o peloteros que ya no están en activo, te sientes una persona importante.

No podría ninguno de nosotros hacer esta labor sin escucharlos a ellos y, claro, a una afición que carga una alacena de sabiduría. En esa gama de criterios se va aprendiendo, pero cada vez con la certeza de que la pelota es una fuente inagotable de conocimientos y requiere de una mirada científica, en tanto es un deporte de infinitas variables.

Desde que el profesor José Manuel Cortina me comparte sus saberes, o Rodolfo Puente y Rey Vicente Anglada me permitieron conocer sus inteligencias y diferentes maneras de ver el juego, fui asumiendo que el partido no lo gana el que más carreras hace, sino el que menos permite.

Cortina me lo ilustró así: «fíjate en la importancia de la defensa que el beisbol constituye el único deporte con pelota en que esta no la tiene el que está a la ofensiva. Además, para anotar el gol o la canasta, ese bateador no recibe un pase ni le hacen una pantalla en pos de atacar cómodamente. Tiene que salir del mismo lugar donde inició su acción (home) y recorrer cien metros para que registre en el marcador».

Para rematar, me dijo Cortina, «hay nueve hombres con la función de impedírselo. Es decir, la acción ofensiva es de uno contra nueve, con un hombre que a 60 pies de distancia puede enviarle la esférica a más de 95 millas por hora».

Anglada, cuando dirigía Industriales y el equipo Cuba, fue categórico: «La defensa gana juegos». ¿Pero, cómo, si no anota?, le pregunté. «Cuando tienes una buena custodia del campo puedes preservar la ventaja, aunque sea mínima, y si estás debajo en el marcador, si ella no falla, sigues metido en el partido».

Rodolfo Puente, quien hizo combinación alrededor de segunda con Anglada en los equipos habaneros, nos dio otra óptica que hace inclinar la balanza hacia el aspecto defensivo. «Un buen bateador es quien promedie .300, lo cual quiere decir que con ese indicador falla siete de cada diez turnos. Pero un defensor, para llegar a ese calificativo, necesita más de .980, lo que se traduce en que en una decena de lances no le está permitido errar».

Como todavía estamos en tiempo de Clásico Mundial y, aunque esta edición ha sido la más jonronera, con un centenar, la defensa ha resultado clave en la victoria y en la derrota.

El pasado domingo presenciamos lo que considero el mejor juego de estos torneos desde 2006 hasta hoy. Estados Unidos venció por 2-1 a República Dominicana en semifinales. Los ganadores pegaron dos jonrones y los caribeños uno, para las tres anotaciones del choque.

Sin embargo, los estadounidenses no ganaron por ese par de batazos. Aaron Judge, con soberbio tiro, eliminó a un corredor que intentó alcanzar el tercer cojín después de un jit, pero también fildeó lo que hubiera sido como mínimo un doble; y Bobby Witt Jr., en el campo corto, agarró un imparable y dejó en segunda al corredor que anotaría con esa conexión. En los tres casos las entradas cerraron con cero.

Si ese desafío fue por 2-1, se debió a que el dominicano Julio Rodríguez capturó un cuadrangular sobre las cercas del jardín central. Anglada tiene razón, la defensa gana juegos.

Del lado del revés, Estados Unidos cayó ante Italia por 8-6, pero dos errores le costaron tres carreras; Canadá perdió por 5-3 frente a EE. UU., con una pifia responsable de esa diferencia.

Y todavía está latente la pesadilla canadiense sobre Cuba (7-2), con seis de las anotaciones lastradas por las deficiencias al campo, en un choque en el que se sacrificó la defensa por la ofensiva.

En el duelo entre dominicanos y norteamericanos, el pitcheo y su conducción fueron decisivos, tanto que el mentor DeRosa sacó al mejor lanzador de la temporada, Paul Skenes, en el quinto, con un out y corredores en primera y segunda, para traer a un

pitcher, Tyler Rogers, quien tiene solo un 18 % de ponchados, pues su bola rápida no pasa de 84 millas. Pero cuenta con 60,6 % de conexiones rivales por el piso. El temido Juan Soto cayó en ese dato y bateó para doble play, otro de los ceros de Quisqueya. El primer defensor está en la lomita, dice Cortina.

Así de rica es la pelota, que ayer nos tenía atados a Italia y Venezuela, ganadores en la lid de Estados Unidos y Japón, respectivamente, las grandes potencias beisboleras del planeta. El duelo entre los espaguetis y las arepas definía qué equipo sería el rival de los estadounidenses en la final de este martes.

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