Cuba, por derecho propio, estará nuevamente en el Clásico Mundial de Beisbol. Lo hará por sexta ocasión consecutiva, desde que este torneo abriera sus cortinas en 2006, en el que han participado 22 conjuntos más. Lo hace, pese a que razones extradeportivas y políticamente motivadas intentaron separarlo.
En esta sexta edición del magno certamen tendrá que multiplicarse, pues el país anfitrión no ha garantizado, en calidad de sede, las condiciones mínimas para el desempeño de la Mayor de las Antillas.
El Gobierno de Estados Unidos negó las visas a ocho integrantes del colectivo de trabajo que asiste al equipo, pasando por encima de lo que exigen los propios organizadores. La matriz instalada de que son personas ajenas a la selección es una burda mentira.
Todos los elencos participantes cuentan con ese staff, encargado de asegurar el buen funcionamiento de la nómina de peloteros. Por ejemplo, en la pasada cita de 2023, la comitiva mexicana contó con un grupo de casi 20 de esos especialistas.
La plantilla que dirige Germán Mesa, mentor debutante en estos eventos, no posee el abolengo de las de sus adversarios. Sin embargo, cuenta con experiencia, juventud y calidad, atributos que han sido expuestos en los más exigentes terrenos.
Como el pasado año, volverá a tener el concurso de jugadores radicados fuera del país, algunos de ellos con recorridos en la pelota profesional de Estados Unidos, tanto en la MLB como en el circuito de Ligas Menores; y otros con presencia en el ámbito invernal rentado del Caribe. Es decir, México, Venezuela, Puerto Rico y Dominicana.
Ellos se combinan con los que han dejado, y dejan actualmente, una huella imborrable en la liga profesional japonesa (npb), y con varios peloteros salidos de las Series Nacionales. No es una selección de estrellas y, en consecuencia, algunos la excluyen de la segunda vuelta.
En la fase preliminar, con sede en San Juan, Puerto Rico, será rival en el grupo a de Panamá, Colombia, Puerto Rico y Canadá, en la puja por los dos boletos a cuartos de final.
Se trata de un apartado que se complejiza, porque excepto el plantel boricua, por delante al menos en el papel, el resto tiene un nivel similar de juego. Es decir, en cada salida habrá paridad sobre la grama, lo cual obliga a un certero desenvolvimiento.
Para ello, el pitcheo y la defensa, fundamentos en los que descansa más del 80 % del triunfo, serán claves en la aspiración de avanzar. Si me pidieran un pronóstico, aun con todas las adversidades y ataques, diría que hay grandes posibilidades de cruzar ese umbral.
La razón es que, justamente, el cuerpo de lanzadores de Cuba es ahora mismo su horcón, a nuestro juicio superior al presentado en la versión precedente. Un adecuado manejo de la lomita, por parte de la dirección, daría muchas probabilidades de seguir en competencia.
De acuerdo con la mayoría de los vaticinios, Puerto Rico debe salir de primero en esa llave, y después hay diversidad de criterios en cuanto al segundo clasificado. A Cuba algunas de las profecías le otorgan ese otro boleto, con base en el argumento del pitcheo, y de un equipo que pudiera actuar con velocidad en las almohadillas, y una ofensiva de mucho contacto.
Por lo pronto, la acompaña el hecho de ser una de las nueve selecciones en Clásicos Mundiales con presencia entre los cuatro grandes, con el segundo puesto en 2006 y el cuarto en 2023, y una de las siete que lo han logrado en dos ocasiones. Es, además, el sexto conjunto en balance de ganados y perdidos, con 18 éxitos y 14 reveses, y uno de los ocho que, con .562, juega para más de .500 de average.
Defender esa historia, a fin de superarse a sí mismo, es su misión en el vi Clásico Mundial.









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