Ayer Abeisy Pantoja nos dijo una frase que no solo contradice el axioma de que un juego no se parece a otro, sino que parece lapidaria en la final de la Serie Nacional 64 entre Matanzas y Las Tunas, que tiene a los Cocodrilos con ventaja de 2-0.
Pantoja dijo: «hemos tenido dos partidos igualitos, con el pitcheo que no responde, la defensa no cumple y la ofensiva, nuestra fuerza principal, muy por debajo. En esta segunda salida enfrentamos a un lanzador que no pasó de las 85 millas por hora y no le bateamos en cinco entradas».
Así es muy difícil, acotó Pantoja, quien aseguró que aún quedan cinco choques, en un mensaje de que los Leñadores no dejarán de pelear.
Lo cierto es que los yumurinos han inclinado la balanza de la final y en la pesa han colocado un lastre bien difícil de levantar por sus contrarios.
Cuando un equipo sitúa en su segundo y tercer duelo de una final a su pitcheo de segunda línea, para dominar a la ofensiva del equipo que lideró el calendario regular, se ve confiado. La designación ayer de Shaiel Cruz y hoy de Brian Cedeño habla a las claras de que los matanceros tienen para más.
Este jueves también dejó en la banca al receptor Andrys Pérez, incluido en la nómina del ya cercano Clásico Mundial, quien pasa por excepcional momento con el madero. Tampoco alineó el talentoso Hanyelo Videt.
Aun así, resolvieron muy cómodamente el compromiso, ante un elenco que trajo bien temprano a su hombre de hierro en la lomita, Keniel Ferráz, quien fue tratado con ese mismo metal al permitir jonrones consecutivos del sustituto Esteban Terry y del siempre cumplidor Yurisbel Gracial.
En el estadio Latinoamericano, sede neutral de la disputa del cetro, sobrevuela el veredicto de 4-0 sobre los tuneros. No creo que ese sea el desenlace, la marea verdirroja posee atributos para la pelea: sabe ganar juegos importantes y cuenta con una credencial que lo ha llevado a liderar las últimas campañas cubanas: mentalidad ganadora.
Sin embargo, está exigido a cambiar la cara. Necesita del empuje y la bravura de los hermanos Alarcón; de que Luis Antonio Pérez y Yassel Izaguirre le aporten el ímpetu juvenil que le dieron a sus compañeros para instalarlos en la final; de que Yuniesky Larduet vuelva a ser bujía y Henry Quintero no baje la actitud que lo mantiene como la mejor entrega tunera. Si no es así, la final no pasa del sábado.









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