
En abril de 1961, la historia hizo coincidir la grandeza de un pueblo en dos geografías diferentes: en las arenas de Playa Girón causaba la primera gran derrota del imperialismo en América, y en Costa Rica, el deporte le daba a la Revolución, y ya a su socialismo, el primer título mundial.
Hoy hace exactamente 59 años de aquella hazaña, que sí, es una proeza, no solo por conquistar la corona, sino por la manera en que el béisbol cubano tuvo que enfrentar esa lid.
«Lo primero que se me ocurrió fue venir para acá. Nos habíamos enterado de que bombardearon los aeropuertos. Yo enseguida pensé en el de Rancho Boyeros, vivía y vivo todavía pegadito a esa pista. ¿Qué habría sido de mi familia?, me preguntaba».
Cada abril converso con Pedro Chávez, hombre clave en la victoria de cualquier empresa beisbolera, y siempre veo en esa reacción la desesperación y la angustia vivida. A ningún otro equipo nacional le tocó competir –¡y triunfar!– en tan difíciles condiciones. La selección fue víctima de todo tipo de hostigamientos, desde el acoso de los buscadores de talentos del béisbol estadounidense, quienes, antes de que se lanzara la primera bola, captaron a cuatro peloteros cubanos para la pelota profesional, hasta las provocaciones hacia los miembros del conjunto beisbolero, aprovechando la gran confusión que la prensa creó en torno a lo que sucedía en Cuba.
«Muchos se nos acercaban, supuestamente preocupados. Nos proponían asilo hasta que el nuevo Gobierno tomara el poder; nos ofrecían llevarnos a Estados Unidos. Era difícil soportar todo aquello y, además, competir y ganar, que era nuestro compromiso. Fueron días muy tensos, jugamos con mucha presión. Nos dijeron que la Revolución había sido derrotada, que Fidel estaba muerto y Raúl preso. Nos insultaban, nos conminaban a traicionar. Pero no dejamos un solo día de ir al terreno».
Desde aquel equipo de béisbol le llegó al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz un mensaje de irrenunciable compromiso: «Comandante, estamos dispuestos a cambiar bates por fusiles y pelotas por granadas. Díganos qué hacemos». La respuesta fue: «la trinchera de combate de ustedes está allí, en Costa Rica». Ese propio día le ganaron a Panamá por 12-3.
Parte de aquel entorno agresivo resultó la difusión, por varios medios, de las palabras de despedida que el general guatemalteco Idígoras Fuentes le expresó al elenco de ese país, en relación con Cuba. Él les dijo a los jugadores: «Denle duro a esos comunistas». El 13 de abril, coincidiendo con el incendio en La Habana de la tienda El Encanto, vencimos a Guatemala por 25-0, haciendo polvo la orden del militar presidente de ese país», recuerda Chávez.
Jamás dejaron de cumplir con Fidel y con su pueblo, «salimos todos los días al terreno, y el 20 de abril de 1961, cerca de la 5:30 p.m., el zurdo José Miguel Pineda sacaba el último out en la victoria sobre México (13-1), con el cual Cuba se proclamaba campeón mundial, en calidad de invicto».
Chávez rememora que el equipo se multiplicó. «Promediamos 14,2 jits y 14,3 carreras por juego; dimos 16 jonrones en total; y José Miguel Pineda, con 18 años de edad, fue líder en carreras limpias permitidas, con una en 18 entradas, en las cuales ponchó a 27 adversarios», afirma, y me exige, como cada abril, que no deje de mencionar a Eladio Sauquet, «quien trabajó donde hoy lo hacen ustedes. En aquel momento se llamaba Revolución, hoy Granma».
Milagros, la que más lo conoce, no deja de emocionarse. Son más de 50 años al lado de su esposo, y ella sabe que él no dirá que en Costa Rica fue un líder indiscutible. Bateó 359 de average, primero en impulsadas con 19, y segundo en jonrones, con cinco.










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