Cuando este lunes la capital de Panamá abriera sus compuertas a los más de 200 participantes de la 6ta. Reunión de la Asociación de Múltiples Partes Interesadas, de la Agenda Global para la Ganadería Sostenible, atracarían en su puerto también las perspectivas y proyecciones en torno a los desafíos comunes que hoy enfrentamos como especie.
Previo al evento de esta plataforma con rumbo al diálogo, el consenso y la creación de sinergias de cara a la sostenibilidad, Granma dialogó con el doctor Tito Díaz, coordinador para Mesoamérica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), sobre los retos que enfrenta la región.
—Hay desafíos que llegan a partir de la heterogeneidad que tiene la región, y por otro lado sus riquezas, que si bien grandes, son vulnerables por el uso que de ellas hacemos… ¿cuán cerca o lejos estamos del desarrollo sostenible en este sentido?
—Ciertamente, esa es una paradoja. Tenemos una región rica en recursos naturales, hídricos y genéticos, en suelos cultivables, sin embargo, también tenemos regiones y comunidades muy vulnerables.
“Entonces, ¿cómo poder avanzar, en tanto región, en el desarrollo de sistemas sostenibles, cuando además tenemos la amenaza del cambio climático? Hay tres áreas de salida que la FAO trabaja de conjunto con los países en estos temas. Primero, apoyándolos en la ordenación de los recursos naturales y del uso del suelo. Se trata de poder planificar la producción agropecuaria de acuerdo con la oferta ambiental y de recursos. Y no al contrario.
“La búsqueda ahora es de sistemas que se adapten a esas condiciones. Y ahí hay un tema básico (que se discutió recientemente en La Habana): el de los recursos genéticos. La región es rica también en estos, los cuales llevan cientos de años de adaptación a las condiciones de los ecosistemas tropicales, sin embargo, no ha habido políticas públicas que permitan valorizar esos recursos, escalarlos y vincularlos a los programas de desarrollo. Y ello con otro ingrediente: muchos de esos recursos genéticos adaptados están en manos de agricultores familiares, y de comunidades indígenas y locales.
“Eso incluye un tópico esencial: la solidaridad entre países. En la región tenemos naciones con ingresos per cápita de menos de 1 000 dólares al año y otras con más de 22 000 dólares, lo cual deja ver cómo en el marco de la región podemos encontrar programas de cooperación Sur-Sur, que faciliten el intercambio de experiencias y apoyo entre países.
“Por otro lado, tenemos naciones que comparten ecosistemas y retos en torno a la pobreza. En general, los pobres han sido desplazados paulatinamente a las zonas más degradadas, entonces está el desafío de cómo manejar eficientemente esos recursos para evitar los problemas de degradación”.
—Este 2016 se cumplen 20 años de la Cumbre Mundial de Alimentación, celebrada en Roma en 1996, ¿cuánto ha evolucionado o involucionado el mundo, y la región en específico, en torno a las metas allí trazadas?
—La región ha progresado. Eso es un hecho. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio que se formularon por la comunidad internacional en 1990 y hasta el 2015, demostraron cómo aquí se ha avanzado. El área bajó los niveles de subalimentación de 70 millones de personas a 34 millones.
“Pero no podemos sentirnos satisfechos con que en una región que produce alimentos suficientes para nuestra población, y además para exportar, todavía hayan 34 millones de personas que se van a la cama con hambre. Eso no es socialmente aceptable.
“Por lo tanto, la FAO continúa apoyando a los países en la lucha contra la inseguridad alimentaria, algo que depende de un tema cardinal: la voluntad política. Estos programas, estas cifras, no se pueden cambiar sin el compromiso de los propios gobiernos. Y en América Latina, en realidad los temas de la erradicación del hambre y de la pobreza extrema están en la agenda política afortunadamente.
“Tenemos el Plan SAN de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que plantea claramente una estrategia para la seguridad alimentaria y nutricional, así como en aras de erradicar el hambre en la región para el 2025: cinco años antes de lo que se plantea en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Y eso nos hace optimistas.
“Por ello también la FAO apoya a los gobiernos en cómo articular políticas públicas, porque los temas resultan más complejos y no son únicamente sectoriales. Son políticas articuladas de desarrollo agrícola, social y ambiental”.
—Ante las tendencias actuales que marcan el éxodo o el flujo migratorio del campo hacia la ciudad, sobre todo de jóvenes, ¿cuál sería la estrategia más coherente para invertir el sentido de esas migraciones, o al menos, contenerlo?
—Desde el punto de vista de las políticas orientadas a fortalecer un desarrollo de los territorios rurales sostenibles, lo primero es que resulta un tema intersectorial y requiere de una mirada estratégica hacia el sector rural, para que este sea parte de las prioridades.
“En cuanto a las oportunidades, el mismo desarrollo de esos territorios hay que verlo no solamente desde la óptica productiva, sino desde una mirada más amplia. Conservar los recursos genéticos, conservar la biodiversidad, paga. Puede haber oportunidades de generación de ingresos solamente conservando y manteniendo la diversidad, el ecoturismo y otros.
“Luego hay que crear empleos, agrícolas y no agrícolas, en los territorios rurales, así como oportunidades empresariales, o de emprendimiento para jóvenes. Si no hay políticas de infraestructura claras en los territorios, incluyendo las comunicaciones, obviamente va a ser mucho más difícil que se queden”.
—Sobre la agenda común para el área derivada de la 34 Conferencia regional de la FAO efectuada en México…
—La Conferencia (celebrada del 29 de febrero al 3 de marzo pasados) fue muy importante porque tuvo la participación de los 33 países de América Latina y el Caribe y de sus gobiernos. En esta conferencia se sientan las prioridades para la cooperación técnica de la FAO por los propios países miembros. Y hubo bastante consistencia en tres temas fundamentales: continuar apoyando los programas y estrategias de seguridad alimentaria y nutricional; segundo, las nuevas oportunidades para la transformación de los territorios rurales, que incluya claramente programas de inclusión social y económica de grupos vulnerables, innovación tecnológica y apoyo al acceso a los servicios rurales para las comunidades locales. Eso fue muy claro: servicios de asistencia técnica, crédito y seguro.
“Y una tercera área prioritaria fue llamar la atención sobre la gestión de riesgos, el manejo sostenible de los recursos naturales y la adaptación al cambio climático.
“Cuba tiene en cada uno de estos sistemas experiencias que podría compartir con otros países en el marco de cooperación Sur-Sur, pero también enfrenta desafíos. Lo que estamos viendo con la Oficina de la FAO aquí es cómo se está articulando una agenda de cooperación técnica de país, incluyendo a los actores nacionales, que permita apoyar el desarrollo de la nación en estas tres áreas prioritarias”.









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