
CARACAS.—La ruta de Alberto Marrero, en su crecimiento desde niño hasta hoy, ha sido por completo un acto de defensa por la vida; un compromiso forjado en los rigores extremos de estar cerca de la muerte.
Cualquiera de los hechos trascendentes en que participó supera todas las palabras posibles, y por sí solo hablaría de la ejemplaridad que lo precede, sin la necesidad del discurso ni la autoridad de un cargo.
Invitado al VII Congreso del Partido, representará en su voz a los miles de colaboradores cubanos que en circunstancias complejas acompañan al pueblo de
Venezuela en su apuesta revolucionaria por la salud, el conocimiento y la vida; como confirmación de que la hermandad y la solidaridad ofrecidas por la Isla no se dan según las coyunturas ni las conveniencias.
Pero siguiendo el hilo de los ejemplos magníficos de su trayectoria, tiene para decir mucho; por ejemplo, de la valentía y el arrojo que debe caracterizar al militante en el enfrentamiento a todo lo que deforme el camino de la construcción colectiva del socialismo cubano, de la obra de la Revolución.
“Si le dimos el pecho a las balas por liberar a países de un continente hermano, como hicimos en Angola muchos jóvenes, o en Etiopía; si tuvimos el valor de ir a arriesgar la vida, a morir por otros en la guerra contra el régimen del apartheid, o más recientemente en la lucha contra el ébola, lo tenemos todo entonces para contribuir con más fuerza al avance del país, a la actualización del modelo económico, a la consolidación de nuestra ideología guiados por un Partido cada vez más fuerte”.
Lo dice con la altura moral de quien estuvo de verdad en aquella guerra, en las primeras y más cruentas líneas de combate, como aquella de Cuito Cuanavale, en que se destacó y mereció la Medalla al Valor.
“Yo viví el precio más caro de la solidaridad. Corrí muchas veces hasta donde hermanos míos caían heridos de muerte, para auxiliarlos cuando ya no era posible. Nadie puede decirme que el humanismo nuestro no es incondicional. Es sincero, porque es sentimiento y un deber. Venezuela es un ejemplo claro”.
Apuntó, como otro mensaje que afirmará en los debates, la necesidad de que las generaciones más jóvenes mantengan el interés por estudiar, por trabajar, por superarse constantemente, por participar. “Esa es la mejor manera de fortalecer la conciencia, la ideología”, valora, y otra vez lo calza su historia de vida, sus afanes incansables por crecer.
“Regresé de Angola convertido en militante de la UJC y me incorporé como operario de las brigadas antivectoriales en mi pueblo de Urbano Noris, en Holguín. No quise parar de estudiar y me hice técnico, luego licenciado en Higiene y Epidemiología, hasta llegar a vencer una maestría en Salud Ambiental. También cursé un técnico medio en Contabilidad y Economía… la cosa era superarme”.
Siendo operario, volvió a dar una lección de vida al encarar a la muerte, cuando llegó entre los primeros cubanos que en 1999 dieron la respuesta urgente al desastre humanitario que fue el deslave de Vargas.
“Terrible aquel cuadro de edificios completos enterrados, los desaparecidos, los cadáveres, los familiares buscando desesperadamente. Allí estuvimos en el rescate, en la asistencia médica, en el saneamiento que se alargó por siete meses. Sin saberlo, estaba siendo un fundador de lo que es hoy la gran misión médica cubana en Venezuela”.
Ahora, 17 años después de aquella incursión primera en tierras venezolanas, Alberto vuelve a andar por estos lares, exactamente en Delta Amacuro, uno de los estados más complejos e intrincados, cuya geografía tupida de caños, canales y selvas, confirma que para él y las decenas de colaboradores emplazados en la desembocadura del Orinoco, el sacrificio no es una pauta que los detenga.
“Si ya es un orgullo haber sido uno de los que iniciaron esta página maravillosa de la colaboración entre los dos países, la posibilidad de estar de nuevo aquí y ser escogido, además, para representar a los miles de cooperantes en el Congreso del Partido, es un honor tremendo y una responsabilidad grande; tan grande como la misión diaria de estos compañeros míos que salvan vidas o prodigan salud sin importar el lugar, las condiciones, sin pedir nada a cambio”.











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Daisy T. Rivero Leon dijo:
1
16 de abril de 2016
02:51:23
silverio dijo:
2
16 de abril de 2016
09:51:39
Layden y Dania dijo:
3
16 de abril de 2016
15:53:24
Edilberto López Leyvae Respondió:
17 de abril de 2016
03:41:23
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