No es casual que en el tema que identifica el 41 Festival Internacional Jazz Plaza, La rumba me llama, confluyan –entre otros músicos– Los Muñequitos de Matanzas, Issac Delgado, Alain Pérez, Yasek Manzano, Bobby Carcassés, Andrés Coayo, Ruly Herrera y jóvenes estudiantes.
Su compositor, Roberto Fonseca, también director artístico del evento, ha unido allí los que son presupuestos de la cita: el jazz en franca comunión con toda la música cubana, la confluencia de generaciones, y la especial apuesta por quienes se inician en el mundo del arte.
E, igualmente, en palabras del propio Fonseca, la idea de ofrecer cada año una experiencia diferente a los públicos, no repetirnos, «darles satisfacción espiritual, que salgan con alegría».
En apenas unas jornadas, del 25 de enero al 1ro. de febrero, tendrá lugar la edición del 2026, que reunirá alrededor de 1 500 artistas; de ellos, unos 300 foráneos, de más de 20 países, como Francia, España, Portugal, Países Bajos, Estados Unidos, Italia, Lituania, Brasil, México, Colombia, Austria, Canadá, Grecia y China. Y que, además de la capital, llegará a Santa Clara, Santiago de Cuba y, por vez primera, a Holguín.
La imagen de este año, basada en la obra El guateque, de Alfredo Sosabravo, no solo representa el colorido y la fuerza del jazz que se hace en la Isla, sino que también rinde homenaje al maestro, Premio Nacional de Artes Plásticas 1997, que ha arribado a sus 95 años recientemente.
El Festival celebra, asimismo, su inclusión en la Alianza Internacional de Festivales de Artes de la Ruta de la Seda, logro que lo ha consolidado, más allá del hecho musical, como un polo de creación multidisciplinaria con proyección global.
De igual forma –han subrayado– esta integración refuerza su papel «como espacio de encuentro entre culturas y resulta un nuevo impulso al recorrido del Jazz Plaza por varios espacios de difusión internacionales, entre los que destacan: México, Colombia y España, donde se ha contactado con nuevos colaboradores que fortalecen el reconocimiento de este festival de jazz de Cuba».

UN IDIOMA COMÚN
En su invitación a ir, a golpe de música, «De La Habana a Santiago», el Jazz Plaza reafirma su «madurez y vocación universal como festival que se renueva sin perder sus raíces y que amplía sus horizontes sin renunciar a la autenticidad que lo distingue».
El evento –añadieron– demuestra una vez más que el jazz, como la cultura, es un lenguaje común que une, trasciende y perdura.
Precisamente, Fonseca ha resaltado la capacidad de tender puentes entre artistas y públicos: «Pese a la compleja situación económica, los músicos siguen viniendo y asumiendo el reto de mantener el alto nivel de la cultura en la Isla; y la gente va a ver qué traen de nuevo, las salas se llenan, con verdadera sed».
El director artístico será el encargado de abrir el programa en Santiago de Cuba, el 24 de enero; y al día siguiente lo inaugurará en Holguín. Igualmente, para la clausura reserva el concierto Selección de Maestros, con el que pretende –adelantó– tocar el espíritu y las emociones.
Además, destacó como una de las fortalezas del Festival el vínculo con los estudiantes: «Le debo mucho a la Escuela; por eso estamos pensando rescatar la gala estudiantil; en la cual, por ejemplo, yo me di a conocer. Le damos mucha importancia a la presencia de los jóvenes en el escenario; que los visitantes vean que Cuba es una «fábrica» de músicos y que el futuro está asegurado».
Justo en esa línea, el saxofonista cubano Yosvany Terry, residente en Estados Unidos, ha expresado su satisfacción por los talleres de jazz y música popular que impartirá en cinco escuelas de música: una de Artemisa, otra de Mayabeque, la Paulita Concepción, del Cerro; la Escuela Nacional de Arte (ENA), y la matancera Escuela de Nivel Medio.
El músico destacó la pasión y esfuerzo de los estudiantes, «son desprejuiciados y honestos»; y la importancia de que, a través de las clases magistrales y los consiguientes conciertos, ellos puedan visualizarse como músicos profesionales en el contexto internacional. «En la enseñanza está gran parte del aprendizaje», dijo.
Terry ofrecerá conciertos pre Festival en el Club Saudade, el 17 y 18 de enero, dos por noche; junto a músicos como Oliver Valdés, e invitados como Yaroldy Abreu y Alejandro Delgado. «El público habanero es muy exigente, dado el alto nivel musical que siempre ha habido en la Isla», opinó.
El pianista Jorge Luis Pacheco también tendrá dentro del programa dos presentaciones, así como conversatorios y masterclass. De Montreux a La Habana es el título de la gala que tiene a su cargo, el 27 de enero, a las nueve de la noche, en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba. El espectáculo reúne, junto a varios invitados, a artistas que fueron premiados por la Montreux Jazz Artists Foundation; entre ellos, el propio Pachequito, Harold López-Nussa, Rolando Luna, Yilian Cañizares y Héctor Quintana.
El día 25, fecha oficial del inicio del Festival, a las 11:00 am, tendrá lugar el espacio habitual del concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional con un concierto junto a Ignacio (Nachito) Herrera y la participación de estudiantes.
En la noche de esa misma jornada esta previsto el concierto «Maestro de Juventudes», de Frank Fernández, junto a estudiantes de las escuelas de arte del país (a las siete de la noche, también en el Teatro Nacional); otro de los momentos singulares del Festival será el concierto tributo a Arsenio Rodríguez, el 1ro. de febrero, a las seis de la tarde, en la Covarrubias.
Al respecto, su organizador, el pianista Dayramir González, dijo que Arsenio creó una conversación fluida entre Nueva York y La Habana; y que esa es la visión que ahora propone el homenaje, en el que compartirán escenario jóvenes de entre 14 y 15 años, con estrellas de la música cubana, como Alexander Abreu, Haila, Osdalgia, Alain Pérez y Beatriz Márquez.
González también hará un concierto junto al pianista estadounidense Christian Sands (jueves 29, Sala Avellaneda, 9 p.m.); y tocará por primera vez en Santa Clara, donde presentará su disco más reciente. «Siempre que se pueda hay que hacer contacto con los jóvenes», comentó tras referirse a los encuentros que sostendrá con estudiantes de la ENA y el Conservatorio Amadeo Roldán; «es importante decirles que la música es tuya y tienes que cuidarla, en todos los lugares del mundo hay sacrificios que hacer».

UN FESTIVAL QUE ENRIQUECE
Sobre el Jazz Plaza, Dayramir añadió que ha seguido evolucionando: «Es muy sui géneris, hay teatro, música popular bailable, clásica… Es muy inclusivo, como la música cubana».
Con esa idea coincide el maestro Jorge Reyes, quien asegura que se percibe el avance y la calidad del Festival: «Logra aglutinar muchos músicos, los mejores de jazz que hay en Cuba ahora mismo. Enriquece la cultura cubana».
Prueba de esa riqueza que se extiende son las más de 130 actividades colaterales que tendrán lugar en Holguín, en alrededor de 13 espacios, según ha adelantado el presidente del evento, Víctor Rodríguez García. Allí, el jazz se unirá a sonoridades típicas como las del órgano neumático y la tumba francesa; y tendrá entre sus fines demostrar las potencialidades que en materia de cultura tiene la urbe.
Con una programación intensa, y alrededor de 45 sedes en cuatro ciudades, el Festival Internacional Jazz Plaza se reafirma como uno de los hitos dentro del calendario cultural del país; esencial en la visibilización de nuevas figuras, la consolidación de propuestas, y el reencuentro de aclamados músicos con sus seguidores.









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