
No dudo del privilegio que supone visitar tan solo uno de los grandes museos del mundo: el Louvre (París), el Prado (España), el Met (Nueva York) o incluso otros recién creados como el Gran Museo Egipcio, inaugurado en noviembre de 2025, y el tomarse una fotografía al lado de sus obras más famosas, ritual casi obligatorio que certifica la visita y constituye un grato recuerdo para el futuro.
Pero tampoco descarto las utilidades que brinda Internet, como la posibilidad de recorrer esos espacios mediante visitas virtuales en 360 grados; una tendencia en boga –que merece ser abordada en otra ocasión– y, para muchos, una puerta de entrada al arte y la cultura que antes fue impensable.
Un ejemplo lo ofrece el proyecto europeo Virtual Reality for Youth Skills, que hizo posible visualizar desde cualquier parte del mundo el Museo Goya –administrado por la Fundación Ibercaja, en Aragón, España–, donde se han recreado diferentes salas con importantes pinturas y las series de grabados del artista Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828), de cuyo nacimiento se cumplirán 280 años el próximo 30 de marzo.
Considerado por muchos como el padre del arte contemporáneo, Goya fue uno de los más grandes artistas de la historia. Su carácter innovador le permitió adelantarse a movimientos pictóricos surgidos más tarde en Europa: el romanticismo, el surrealismo, el impresionismo y el expresionismo.
Temáticas grotescas y desmesuradas, bajo un magistral dominio de las luces y sombras, coexistieron perfectamente con sus obras coloridas, rebosantes de optimismo y gracia. Su temprana formación –cuando contaba apenas 13 años– sentó las bases de su dibujo estructural, que le permitió alcanzar una notable expresividad.
Así lo reiteró la historiadora del arte Jeannine Baticle: «Goya es el heredero fiel de la gran tradición pictórica española. En él, la sombra y la luz crean unos volúmenes poderosos construidos en el empaste, aclarados con breves trazos luminosos en los que la sutileza de los colores produce variaciones infinitas».
Varios años en Madrid y uno en Italia le dieron la oportunidad de conocer a grandes maestros que influirían en su carrera artística, hasta que ejerció como pintor de la Corte Real Española a partir de la década de 1770. Entonces, fue ampliamente solicitado por la alta sociedad madrileña, convirtiéndose en un retratista de moda.
Entre sus obras más famosas se cuentan Los fusilamientos del 3 de mayo (1814), Saturno devorando a su hijo (1823), El aquelarre (1798) y La maja desnuda (1797). Esta última pieza «uno de los desnudos más célebres de la historia del arte, exquisitamente pintado– agitó al público y motivó a Goya a pintar ropa sobre la dama de misteriosa identidad.
Así surgió La maja vestida (1800-1808); ambos cuadros se cuentan entre los más emblemáticos que pueden contemplarse en el Museo del Prado.
La colección de obras y documentos de Goya que conserva esa institución la convierten en sitio de referencia obligada para estudiar al artista: más de 1 000 obras –pinturas, dibujos y estampas– y un importante grupo de documentos, entre los que destaca parte de su correspondencia, constituyen más de la mitad de la producción del maestro.
A finales de 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba tuvo la satisfacción de contar con un autorretrato suyo, de 1815, prestado por esa institución, que aplica una política restrictiva al préstamo de obras. Sin embargo, el aniversario 500 de La Habana fue motivo suficiente para realizar tal concesión; al punto que los propios reyes de España, Felipe VI y Letizia, inauguraron la exhibición de la pieza.
Para celebrar el aniversario 280 de su natalicio, la Fundación Ibercaja ha propuesto una serie de actividades dirigidas a todas las edades, que incluyen talleres, visitas guiadas y piezas de teatro. Una oportunidad que, sumada a las facilidades virtuales que ofrece el Museo Goya, permite redescubrir la obra y el legado de este artista inmortal.









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