De extraordinario pudiera calificarse el empate sin goles que firmó, el jueves, la selección nacional de fútbol ante su similar de Honduras, en la tercera fecha del nivel a de la Liga de Naciones de la Concacaf.
Estos conjuntos volverán a medirse mañana, en Tegucigalpa, y los pronósticos siguen del lado del once catracho, a pesar de que Cuba tiene cinco puntos, por cuatro los hondureños.
Jamaica es el líder, con siete, y ya tiene uno de los dos cupos. Este panorama deja en manos de Cuba certificar su propio destino, sin depender de otros resultados.
El once cubano no define, apenas posee un gol en tres partidos del certamen. No se genera juego en el mediocampo, y la conexión con los delanteros pasa por los rápidos contragolpes, o por el clásico balonazo, opciones que también son escasas.
Si los Leones del Caribe están vivos es gracias a su portero Raiko Arrozarena, y al orden táctico en defensa, al punto que el equipo se adaptó bien al sistema 3-5-2 que, cuando no se tiene el balón, se transforma en un 5-3-2 o un 5-4-1.
Es válido apuntar que los hondureños fallaron sus continuos remates. Su artillería no hizo diana, pero es difícil que en 180 minutos no lo haga. Tienen un mejor juego colectivo, que los coloca con ventaja.
A Cuba no le queda otra opción que seguir fiel al estilo que le ha permitido avanzar en el torneo. La defensa será el eje principal, junto al despliegue de los volantes en la recuperación, para intentar ganar o empatar.
La realidad es complicada, pero no imposible de transformarla en una actuación histórica, si se logra anotar y mantener una propuesta que inquiete a los hondureños.







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