ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Ilustración de Michel Moro

Unos congresistas que odian a los cubanos gritan y procuran una guerra de exterminio, mientras disfrutan el sufrimiento humano derivado de medidas de asfixia económica de todo tipo y que tres meses sin petróleo pueda hacer explotar la «caldera» que ellos mismos han preparado.

La llamada gran prensa juega a la guerra y a la próxima víctima, y vuelve a manipular al verdadero protagonista, al pueblo de Cuba, que defiende su patria y el proceso que le dio libertad e independencia verdaderas, luego de más de medio siglo como neocolonia y en ardua lucha por su independencia desde 1868.

¿Acaso el sentir independentista, soberano y la libertad de los cubanos no les importa a quienes hablan de Cuba como si fuera un objeto, una fruta perdida, un botín por conquistar, un blanco de venganza, un simple punto de un mapa que algunos quieren redibujar, un puñado de seres humanos privados de sus derechos elementales por decisiones arbitrarias y amenazas procedentes del otro lado del estrecho de la Florida, que recrudecen en un experimento de crimen masivo en pleno siglo xxi, desafiando la capacidad del hombre para resistir el hambre, la oscuridad, las enfermedades, las carencias de servicios vitales, que se les bloquean con un cerco petrolero sin precedente en el mundo?

Sin quitar el dedo del gatillo de las agresiones y las bombas, se alardea de que el poderío militar es demasiado para «tan poca cosa». «Es cuestión de tiempo». Un nuevo «efecto dominó». Otra «hora final». «Liquidar a Irán y luego, La Habana». «Cuba es la próxima».  Es el ultimátum, sin escrúpulos ni frenos.

Así de infame e insultante; así de bochornoso y arrogante, de injerencista e ilimitado.

Crear todo tipo de obstáculo mediante más de 200 medidas de asfixia económica, que se suman a un arsenal legislativo para tratar de rendir por hambre o enfermedades a todo un país, y al intento de genocidio de más de 60 años, es la fórmula macabra que apela al bloqueo total de combustibles para intentar hacer colapsar la economía y paralizar a la nación, mientras culpan al Gobierno agredido de incapaz o fallido.

Acostumbrados a mentir y a engañar, se habla de diálogo y negociación, mientras se sigue estrangulando al pueblo con bloqueo petrolero, persecución de las misiones médicas, programas de recompensa a quienes cedan a sus chantajes para expulsar a los médicos que han salvado a millones en América Latina, presiones para aislar a Cuba como en los años 60, con la bota en el cuello para que cierren embajadas y sigan fabricando falsas excusas para acusar a Cuba de promover la desestabilización. Guion manido y obsoleto que nadie cree.

En la era de la intimidación y la ley del más fuerte, pisoteando a las Naciones Unidas, sus diferentes agencias, el Derecho Internacional y la convivencia civilizada entre los pueblos, manipulan los derechos humanos como instrumento para juzgar, arrinconar y derrocar gobiernos con golpes judiciales o legislativos, a través de sus embajadas por el mundo o desde las desafiantes cortes estadounidenses, en estrecha vinculación con su Secretaría de Guerra o la Agencia Central de Inteligencia.

Casi siete décadas de resistencia, inteligencia, audacia y heroísmo, se obvian por quienes simplifican, desprecian y subestiman al pueblo cubano, que no es esclavo ni súbdito, que el mundo contempla orgulloso por su valentía histórica, por su ejemplo imborrable, por su simbolismo mundial de gallardía y dignidad, por ser un punto geográfico pequeño pero gigante de inspiración en todos los puntos cardinales.

Vivimos días de amenazas casi cotidianas, de noticias de guerras y muertos a todas horas, de abusos y prepotencias, de impunidad y complicidad, de silencios y chantajes, y de violaciones flagrantes del Derecho Internacional.

Mientras los cañones y las bombas escuchan la algarabía de los verdugos, se empinan la solidaridad mundial contra el bloqueo, la denuncia del desparpajo por la hegemonía global y el llamado a la cordura, la paz, al camino civilizado de las relaciones entre nuestros países y al aprovechamiento de las oportunidades económicas y de negocios que se han desestimado por décadas de venganza y odio, que no conducen a buen destino.

El pueblo cubano sigue en pie de guerra, fiel a sus tradiciones de lucha desde el 10 de octubre de 1868 hasta nuestros días, como bastión de unidad y dignidad, ejemplo e inspiración para quienes en cualquier parte del mundo defienden la autodeterminación, la independencia, la soberanía, la libertad, la justicia y la paz.

Con el aval de 67 años de victorias, impulsados por el ejemplo eterno de nuestros héroes y mártires, el legado de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el año de su centenario, y junto al General de Ejército Raúl Castro Ruz y al Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel

Díaz-Canel Bermúdez, juramos defender la Patria, la Revolución Socialista y sus conquistas sagradas al precio que sea necesario, con la convicción de que nada ni nadie podrá destruir la obra gloriosa de varias generaciones de combatientes y patriotas.

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