ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Cartel de César Mosquera.

El pueblo cubano resiste en medio del zarpazo que tiene al ser humano como principal blanco de las armas que tratan de rendirlo o matarlo de hambre, sed, oscuridad, deterioro de la salud, inmovilidad, frustración, confusión y mentiras.

La Oficina de Derechos Humanos de la ONU lo reiteró el pasado viernes: «este tipo de sanciones sectoriales afectan a los más vulnerables, no son efectivas y no cumplen ni con la Carta de Naciones Unidas ni con el derecho internacional porque las sanciones deben ser impuestas por el Consejo de Seguridad (de la ONU), no por un país».

Mientras se incrementan la persecución y el bloqueo energético contra la Isla, sin otro argumento real que el intento de hacer claudicar a un país, renunciar a su independencia y soberanía, voces fascistas del otro lado del estrecho de la Florida claman por el ahorcamiento total.

Ya no se trata de una licencia de tres días para matar a los fieles, el día después; ahora se intenta un bloqueo permanente de destrucción masiva, sin brechas posibles, para que los enfermos no tengan salvación, los sanos enfermen y se agraven rápidamente, y a los pacientes de los cardiocentros infantiles, de terapias intensivas, hospitales oncológicos o a los recién nacidos les llegue la hora final.

No basta con privar a los cubanos de medios de transporte ni de combustibles para la cocción de los alimentos o de medicamentos en las farmacias; se persigue privarlos de todo cuanto les permita sobrevivir.

Por eso aplauden que se vaya el turismo, que no haya vuelos desde países distantes, que se corra la voz para que nadie vaya a Cuba, para que huyan los inversionistas extranjeros, para que mueran otros más allá de nuestras fronteras víctimas de las presiones contra las misiones médicas, y el caos y la humillación se adueñen de la propaganda tóxica anticubana.

¿«Diplomacia energética» o genocidio premeditado? ¿Aislar a millones de cubanos, convertirle su país en un inmenso laboratorio para medir capacidades de supervivencias, frente a las más disímiles privaciones, es la nueva fórmula de la «paz por la fuerza»?

Voces desde todas partes del mundo se hacen escuchar contra las injustas e inhumanas sanciones masivas a que se condena a millones de seres humanos en Cuba por el pecado capital de ser ejemplo de dignidad y emancipación, por defender su derecho a la vida, al desarrollo y a la convivencia pacífica con el resto del orbe.

Desde el propio Congreso de EE. UU. acusan lo evidente: el bloqueo petrolero a Cuba es cruel y despótico, hizo saber la legisladora Ilhan Omar, a la vez que denunciaba «una guerra económica diseñada para asfixiar a una isla, donde civiles inocentes pagarán con sus vidas para forzar un cambio de régimen».

«Debemos levantar el bloqueo ahora», exigió, mientras, en paralelo, Jim McGovern, miembro de alto rango del Comité de Reglas de la Cámara de Representantes, presentó una iniciativa legislativa para poner fin a la política de asfixia económica, financiera y comercial contra el país caribeño, vigente desde la década de 1960.

Como ellos, cientos de figuras públicas le exigen al Gobierno de EE. UU. el fin del bloqueo criminal contra el pueblo cubano.

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