ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El capitalismo, como sistema económico y social dominante en gran parte del mundo, ha dejado una huella profunda en la forma en que las sociedades contemporáneas perciben y valoran la realidad. Más allá de su impacto en la distribución de la riqueza y la explotación de los recursos, este sistema ha moldeado una cultura que privilegia lo superficial, lo efímero y lo espectacular, relegando al olvido la profundidad del pensamiento crítico y la reflexión colectiva.

En las últimas décadas, hemos sido testigos de cómo el capitalismo ha configurado en las grandes masas un sentido de la banalidad. La publicidad, los medios de comunicación y las redes sociales han sido herramientas claves en este proceso, promoviendo un culto a la imagen, al consumo desmedido y a la satisfacción inmediata de deseos individuales. Este fenómeno no es casual; responde a una lógica que busca desactivar la capacidad de las personas para analizar y cuestionar las estructuras de poder que sostienen el sistema.

El ascenso al poder de figuras que dominan el arte de la superficialidad es una consecuencia directa de esta cultura del egoísmo. Líderes que se presentan como productos de consumo, que apelan a emociones primarias y que evitan cualquier discusión seria sobre los problemas estructurales de la sociedad, encuentran terreno fértil en una población cada vez más desconectada de la realidad. Estos líderes no solo reflejan, sino que también refuerzan, la banalización de la política y la vida pública, convirtiendo el debate en un espectáculo y la toma de decisiones en un ejercicio de marketing.

Pero, ¿qué hay detrás de esta cultura de la banalidad? En esencia, es una estrategia para mantener el statu quo. Al fomentar el individualismo y el desinterés por lo colectivo, el capitalismo asegura que las grandes mayorías no cuestionen las desigualdades e injusticias que caracterizan su funcionamiento. La capacidad de pensar críticamente, de analizar la realidad y de proponer alternativas, queda así neutralizada, sustituida por una pasividad cómoda y conformista.

Frente a este panorama, es imperativo recuperar el valor del pensamiento crítico y la acción colectiva. La lucha contra la banalidad no es solo una cuestión cultural, sino también política. Se trata de construir una sociedad en la que el conocimiento, la reflexión y el compromiso con el bien común sean pilares fundamentales. Solo así podremos enfrentar los desafíos de nuestro tiempo y avanzar hacia un futuro más justo y equitativo.

En palabras de José Martí, «ser cultos es el único modo de ser libres». Hoy, más que nunca, esta máxima cobra vigencia. La verdadera liberación pasa por desmontar las estructuras que nos han llevado a la superficialidad y recuperar la capacidad de pensar, analizar y transformar la realidad. El capitalismo ha intentado robarnos esa capacidad, pero está en nuestras manos recuperarla.

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