Mientras ni las bajas temperaturas logran frenar las manifestaciones contra los asesinatos y la violencia de las agenciasantinmigrantes, la gran prensa condena el crimen, la mentira, y exige una investigación para llegar a la verdad.
«Cuando el Gobierno mata, tiene la obligación de demostrar que ha actuado en interés público. En lugar de ello, el gobierno de Donald Trump está incurriendo una vez más en una perversión de la justicia», afirma un editorial del The New York Times, que señala como infundadas e incendiarias las afirmaciones sobre los hechos a Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional, y al sustituido al frente de la represión, Gregory Bovino, funcionario de la Patrulla Fronteriza.
Los titulares de algunos de los principales medios no pueden ocultar la indignación y las preocupaciones de los ciudadanos estadounidenses por el curso de los acontecimientos: El gobierno de Trump miente con descaro. El Congreso debe actuar, El terror de Estado llegó a e El colapso de Trump que está en camino…
Para retratar el escenario interno de la superpotencia, el columnista de The New York Times, M. Gessen, hacía la siguiente reflexión:
«Después de las tres últimas semanas de violencia en Mineápolis, ya no debería ser posible decir que el gobierno de Donald Trump solo pretende gobernar este país. Pretende reducirnos a todos a un estado de miedo constante, un miedo a la violencia de la que algunas personas pueden librarse en un momento dado, pero de la que nadie estará nunca de verdad a salvo. Esa es nuestra nueva realidad nacional».
Afirmaba el periodista que «El terror de Estado ha llegado», y presenta una lista de ejemplos:
«Desde principios de enero, cuando el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas amplió sus operaciones en Mineápolis y St. Paul, Minnesota, los agentes federales mataron a Renee Good, una mujer blanca y madre de clase media; amenazaron a una abogada de inmigración embarazada en el estacionamiento de su bufete; detuvieron a numerosos ciudadanos estadounidenses, incluido uno al que sacaron de su casa en ropa interior; rompieron ventanillas de coches y detuvieron a sus ocupantes, incluida una ciudadana estadounidense que se dirigía a una cita médica en un centro de lesiones cerebrales traumáticas; detonaron granadas antidisturbios y un contenedor de gas lacrimógeno junto a un coche en el que viajaban seis niños, entre ellos uno de seis meses; registraron un aeropuerto, donde exigieron ver la documentación de la gente y arrestaron a más de una decena de personas que trabajaban allí; detuvieron a un niño de cinco años, y ahora mataron a otro ciudadano estadounidense, Alex Jeffrey Pretti, enfermero de la unidad de cuidados intensivos sin antecedentes penales. Parece que era blanco. Los agentes lo tenían en el suelo, sometido, antes de dispararle, al parecer, al menos diez tiros a quemarropa».
Este duro panorama, David Brooks, uno de los principales comentaristas del mismo diario, lo describe como uno de los cuatro grandes derrumbes de la actualidad: «El derrumbe del orden internacional de la posguerra. El declive de la tranquilidad doméstica dondequiera que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, o ice, desplieguen sus abusos. El derrumbe aún mayor del orden democrático, con ataques a la independencia de la Reserva Federal y procesamientos infundados contra opositores políticos. Por último, el declive de la mente del presidente».
Pero también se derrumba el nivel de aprobación del mandatario, que cayó al 37 %, su menor nivel en la encuesta del Pew Research Center, que también reveló esta semana que la mitad de los estadounidenses piensan que su administración ha resultado «peor de lo que esperaban».
En enero, la popularidad de Trump, quien incluso perdió apoyo de republicanos, fue inferior al 40 % de la última medición del centro demográfico en septiembre, además del 38 % en agosto, entonces el nivel más bajo desde que comenzó su segundo mandato, el primer mes de 2025, detalló el informe.
En medio de tales revelaciones y alertas, cuando el empeño de ser la noticia del ahora es parte de la agenda diaria en Washington, se suceden desde allí amenazas, ofensas, confesiones, pesadillas, nuevos planes y agresiones criminales contra Cuba, y hasta falsos homenajes a quien había descubierto desde finales del siglo XIX sus planes imperiales.
Así lo confesó nuestro José Martí antimperialista a Gonzalo de Quesada: «Sobre nuestra tierra, Gonzalo, hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos, y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla, a la guerra –para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más soberbia no la hay en los anales de los pueblos libres: –ni maldad más fría».


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Pedro R.Castro dijo:
1
31 de enero de 2026
08:44:28
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