ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

En los días recientes vivimos una sacudida de genuina inconformidad popular, tras el anuncio de las medidas comerciales de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa), que ponen límites a las posibilidades de acceder a internet desde los móviles con las anteriores tarifas, altamente subsidiadas.

Los reclamos con más amplio alcance se originaron entre los estudiantes de la Educación Superior, que, acompañados por la organización que los representa, la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), hicieron saber, frontalmente, sus profundas insatisfacciones.

Que estas controversias no sean frecuentes en Cuba sorprendió a unos y escandalizó a otros; sin embargo, es demostración de cómo persiste la capacidad de los jóvenes para cumplir, activamente, roles que son también motores del desarrollo social: escrutar, cuestionar, debatir, proponer y participar. La crítica no es un arma para destruir; más daño y motivo de preocupación habría sido el silencio ante una inconformidad.  

Por supuesto, Etecsa operó sin propósitos secretos; los números muestran claridad, y su sostenibilidad pide modificaciones inaplazables; pero ni el contexto más urgente exime la anulación de la comunicación. Al contrario, mientras más grave sea la crisis, más detallada y transparente hay que decir su gestión.

De la actual polémica muchas lecciones hay que sacar, entre ellas cómo abrir más canales posibles al debate extenso y sincero de cada tema sensible que atraviese nuestra compleja dinámica social, lastrada por una economía muy golpeada.

No podemos cansarnos de crear y propiciar mecanismos de intercambio, perfeccionar los existentes y, sobre todo, no temer al disenso.

En cada asunto complejo ha de ser la crítica nuestra la primera que propiciemos, y hemos de atenderla, razonarla, reproducirla y responderla; a fin de no dar margen al oportunismo tarifado de los que esperan cualquier contradicción para atizar la división.

La jauría enemiga es conocida, pero no deja de hacer daño con la mentira crónica, con la manipulación de las circunstancias que amplifican y tuercen el desacuerdo, para convocar al caos y a la rebelión violenta.  

Para el objetivo de fracturar la unidad cualquier pretexto les sirve y, en pro de evitarlo, es deber del cubano cerrar brechas, entre otras cosas, siendo mejores en el cumplimiento de un rol que ya está escrito: las organizaciones políticas, sociales y de masas –no solo la FEU– son canales no para modular el debate entre sus miembros, sino para alentarlo desde la inteligencia, el argumento, la ética y el respeto.

El consenso no se impone, se construye a partir de la contradicción genuina y natural de la sociedad, y habrá unidad mientras se participe de esa construcción. No hay desunión porque haya criterios distintos.

Otra cosa es ser eco de los oportunistas de la escisión, de la fractura revolucionaria; pero contra Cuba hay una guerra de muchas dimensiones, y en un escenario así de complejo tenemos que hablarnos mucho y de frente, para procurar el mayor bienestar posible.

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