ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Los comunistas, esos herejes del mundo, habitan una encrucijada entre las circunstancias y las utopías. Sus pies los fijan al suelo, manchado de tanta injusticia; sus manos procuran reivindicar el significado de la humanidad y despertarla para emprender todos los cambios necesarios.

Lenin comprendió la dialéctica de esa aparente contradicción: «Hay que soñar, pero a condición de creer seriamente en nuestro sueño, de examinar con atención la vida real, de confrontar nuestras observaciones con nuestro sueño, de realizar escrupulosamente nuestra fantasía».

Una dimensión casi sagrada posee la famosa frase marxista sobre la interrelación del ser con la conciencia social, de la existencia con el pensamiento. Los tiempos difíciles, como los actuales, confirman esa máxima.

Sin embargo, los verdaderos revolucionarios no cruzan los brazos, aunque respetan ese determinismo. Luchan para invertirlo y potenciar la ideología como un motor para la transformación de la objetividad.

En Cuba sobran ejemplos, desde la tradición inaugurada por Carlos Manuel de Céspedes para iniciar la conquista de nuestros anhelos y preservarlos, sin esperar la confluencia de las condiciones perfectas.

José Martí también nos mostró el valor de las trincheras de ideas. Sin ellas, jamás hubiera resultado posible el estallido de la Revolución, cada una de sus victorias y su resistencia heroica, mantenida hasta hoy.

Durante el periodo especial, los seguidores de la hipótesis del Fin de la Historia, sostenida por Francis Fukuyama, auguraban un pronto final para la rebeldía de este caimán. Pero ignoraban con cuánta hondura caló en el pueblo el proyecto de una nación independiente. 

El pasado nos cuenta importantes lecciones. Cuando las soluciones concretas estén fuera de alcance inmediato, la conciencia, la sensibilidad y el amor deben alzar su voz para avivar la esperanza.

Urge recurrir a la formación patriótica, cimentada a lo largo de décadas, para continuar la batalla frente a los mayores desafíos, y sembrar el compromiso de los grandes héroes en las futuras generaciones. Solo así burlaremos los designios más fatales y avanzaremos hacia la luz de nuestras quimeras.

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