ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La emotividad de la jornada de apertura de los recientes Juegos Paralímpicos me impulsó de nuevo a la búsqueda de un documental tan estremecedor como la competencia deportiva. Aunque lo perseguí sin éxito varios meses antes, tal vez un duende me lo recordó porque el audiovisual ya aparecía disponible desde septiembre del pasado año, en el canal de YouTube de León Gieco.

Junto al afamado músico argentino, los cineastas coterráneos Sebastián Schindel y Fernando Molnar dirigieron Mundo Alas, con estreno el 26 de marzo de 2009, merecedor de la mayor cosecha de premios para una obra de su tipo en ese país. Durante hora y media nos enseña cómo la voluntad de abrazar la belleza para revelarla a los demás puede sanar heridas.

Gieco, uno de los grandes exponentes de la cultura americana y dueño de una sensibilidad sin límites, reunió en la agrupación Mundo Alas a instrumentistas, cantantes, bailarines, pintores, presentadores y hasta camarógrafos con discapacidades, pero entregados a su arte.

El redescubridor del mapa sonoro argentino realizó una gira más, narrada en el filme, por varias provincias de su nación, pero con la humildad de ceder el primer plano a sus compañeros de aventuras, según una confesión recogida en el material: «La experiencia nueva que tuve es que nunca en mi vida me había sentido uno más».

La trama intercala episodios conmovedores del proyecto artístico –tanto sobre los escenarios como en la convivencia cotidiana–, con historias de dolor, superación y aspiraciones personales de algunos de los protagonistas.

Como muestra de su autoestima, Francisco «Pancho» Chévez, experto en los secretos de la armónica, solo pide, antes de salir a la carretera, un tratamiento como músico y no como discapacitado. Mientras, el bailarín en silla de ruedas, Demián Frontera, reconoce la importancia de su actividad para ahuyentar la lástima por sí mismo.

«Me encantaría no dejar el canto nunca, porque el canto es mi vida», cuenta Maxi Lemos, quien a los 11 años conoció la generosidad de León, cuando recibió su invitación a un concierto para interpretar a dúo Canción para Carito. ¿Qué mejor forma de decirle, como en esa hermosa pieza: «yo soy tu amigo, me ofrezco árbol para tu nido»?

Carina Spina, aunque invidente, posee el don de una voz de cielo y las melodías la iluminan. «El que ve, abre una ventana, se encuentra con el sol. Yo también lo puedo sentir, pero me gusta poner música muchas veces, y eso es una lucecita que entra a tu casa».

Maxi los llama a todos hermanos, y Demián puede, al fin, proclamar la pertenencia a un grupo en el que reinan la tolerancia, el respeto, la unidad, y nadie mira «qué es lo que falta, sino lo que hay».

La gira devino una oportunidad para cumplir sueños, como encontrar el amor y actuar en el emblemático Luna Park. El tema Familia rodante, de León, una de tantas joyitas de la banda sonora del documental, define con dos versos ese mundo de alas: «Saquemos una foto para dar una señal / de que estamos vivos y aún vamos por más».     

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