ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Detrás del telón del intento desestabilizador en Venezuela hay mucha nostalgia imperial.

Así pudiera valorarse la añoranza cuando el motivo para recordar son asuntos políticos, mucho más si se habla de lo que sintió, el pasado año, el grupo de senadores republicanos que impulsó una resolución legislativa que establecía a la Doctrina Monroe como un principio duradero y vigente de la política exterior de ee. uu., que busca «reservar» a «América para los americanos», en fin, para los estadounidenses.

La Resolución reafirmaba intereses del Gobierno de ee. uu. acordes con esa antigua política, de más de 200 años, como el de oposición a un «poder extranjero» que impulse «influencia maligna» –término acuñado para los sistemas sociales que se resistan al hegemonismo estadounidense– o que pongan en riesgo «las democracias del hemisferio occidental».

También reconoce principios de «libertad e independencia», igual de consagrados desde 1823 como parte de una filosofía de dominación alabada por el Senado, que la ha calificado «como una piedra angular duradera de la política exterior de Estados Unidos».

Si vemos lo que pasa hoy en la Patria de Bolívar y de Chávez (y miramos tras bambalinas quién es el director de semejante obra teatral), entendemos bien porque esa concepción está más que «validada».

El monroísmo promueve la división de los países latinoamericanos y caribeños, la manipulación de los pueblos a través de términos de terrorismo y de injerencia, demoniza las relaciones con Rusia o la extensión económica china y defiende las campañas mediáticas que le son útiles.

Por ejemplo, han repetido hasta el cansancio que «el Comando Sur señala que la Federación de Rusia emprende extensas campañas de desinformación en América Latina, refuerza regímenes autoritarios como la República de Cuba, la República de Nicaragua y la República Bolivariana de Venezuela, y busca compromiso militar y operaciones de zona gris en esta región».

Doscientos años después de su creación, la Doctrina Monroe ha sido abrazada por todas las administraciones que ocupan la Casa Blanca. Desde el Congreso de Angostura, de 1826, hasta ahora ha sido una línea invariable de actuación contra los pueblos del continente.

El golpe de Estado en Chile, las agresiones por seis décadas contra Cuba, los años de guerra sucia en Centroamérica, la subversión ideológica de los procesos populares de la región, la intentona de golpe en Bolivia y la actual situación tras el triunfo de Nicolás Maduro en Venezuela, son ejemplos de esta política hegemónica.

Bolívar no se equivocó: «Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad».

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