Es obvio que nuestros ancianos sienten cada vez más apretada la situación bajo el techo familiar, en el contexto socioeconómico que hoy vive el país.
Sé –y de ello hemos escrito y alertado más de una vez– que el dinero de la chequera no les alcanza para nada.
Conozco que son afortunados aquellos por quienes se preocupan y se ocupan hijos y nietos, con verdadero amor, para que vivan lo mejor posible ese segmento final de vida al que solemos definir como la tercera edad.
Esas y muchas cosas más son de mi conocimiento, porque si algo amo, admiro, defiendo y venero es a niños y ancianos.
Hoy, sin embargo, surcando el ciberespacio, he visto una imagen que, como solemos decir, «parte el alma». No sé quién la tomó, en qué lugar del planeta, con qué intención.
La foto muestra a un anciano encorvado, con un saco encima y un bastoncito bajo el brazo derecho mientras, con el izquierdo, extendido hacia atrás, lleva de la mano a su amada anciana, evidentemente agotada también. Pobres, muy pobres; a toda luz, muy necesitados los dos.
Ni por asomo se me ocurriría negar que en algún lugar de Cuba un lente fotográfico pueda captar una escena parecida. Todo es posible en este mundo. Solo que yo no la he visto… ni quisiera, jamás.
Tal vez por ello la imagen que, de inmediato, acudió a mi mente fue otra, otra que conservo en una carpeta titulada Ancianos. Muestra también a dos personas de avanzada edad. Vienen tomados de la mano. Los protege el nasobuco. Se les ve limpios. Ella sostiene en la mano dos bocaditos. Hermosa sombra la que, a su lento paso, proyectan sobre un muro.
Así he visto a miles, haciendo ejercicios de Tai Chi en el parque Máximo Gómez, de Ciego de Ávila; leyendo tranquilamente un periódico en una silla del parque Serafín Sánchez, en Sancti Spíritus; mirando con muda satisfacción cómo el bisnieto patea un balón en la plaza Ignacio Agramonte, de Camagüey; jugando dominó en el hogar de ancianos de Las Tunas o agradeciendo, con un beso, la ternura con que la doctora del Hospital Lenin, en Holguín, examinó para determinar si había algo significativo en las vías respiratorias…
Pueden parecer simples detalles. No lo creo así. Al sur de cada anciano hay toda una vida dentro millones de recuerdos y una obra laboral, social o familiar que merece ser tenida en cuenta, y por delante el derecho –constitucionalmente respaldado– a vivir con la mayor comprensión social y calidad de vida posible cuantos calendarios falten por venir.
Un ejemplo muy reciente lo confirma: la voluntad política y gubernamental de generalizar la administración de la Biomodulina t dentro de la red primaria de atención en la Salud cubana, con especial interés en el universo de la tercera edad.
No digo más. El alcance (científico y humano) está ahí, a la vista.


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