ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La madre entreabre la puerta del cuarto de su hija adolescente. Está tranquila. Puede respirar. A diferencia de otras que  pasan el día en  la calle, la suya casi no sale. Esta es una edad difícil. ¡Son tan vulnerables! Pueden cometer errores que cargan, para el resto de la vida, como un fardo pesado.

Su pequeña llega de la escuela, suelta la mochila y va directo para la cama. Toma el celular, la luz del artilugio le alumbra el rostro y un portón se abre, como en Las crónicas de Narnia, hasta transportarla a otra dimensión. Pasa las horas deslizando el dedo en la pantalla y queda absorta en esa infinitud, mientras regala sus horas y ¿acaso existe bien más valioso para un humano que el tiempo?

Apenas cumplió 13 años y ya se siente fea. Se para frente al espejo. Busca métodos caseros para hinchar sus labios. Cree que la belleza debe contener, mínimo, algunas dosis de bótox y silicona. Sus padres no lo saben, pero varios estudios aseguran que los adolescentes que pasan más tiempo en Instagram, Facebook y otras plataformas presentan una tasa de depresión más alta que aquellos que invierten menos tiempo en ellas.

Todavía le falta madurez para comprenderlo y para interiorizar que el concepto de belleza cambia con las modas, que lo bello hoy puede parecer ridículo en el mañana.  Que la felicidad no cabe en un reels, que las redes venden una perfección que solo existe en el mundo de los ceros y los unos, pero la vida real es otra cosa.

Apenas es una niña y ya torció en su mente lo que significa el éxito, la belleza, el amor... Ahora tiene un novio. Ni siquiera lo ha tocado. Desconoce esa sensación de salto en el estómago antes del primer roce de labios a escondidas. En su casa, ni  sospechan su existencia. Está junto a él hasta la madrugada. Le cuenta sobre sus miedos, siente que no podría respirar sin él. Cree que tiene 15 años y que vive al otro lado del mundo. Pero, a ciencia cierta, cualquiera podría ser su «amado» en una geografía digital donde cada usuario se fabrica su propia identidad.

Con tan pocas horas de sueño, siempre llega tarde a la escuela. No logra aprender como antes, está más delgada y ojerosa. Habla poco.

Sus padres están preocupados. No entienden qué le pasa a su niña. Apenas sale. La observan desde la hendija de la puerta entreabierta de su cuarto.

Ella finge estar dormida. Le apagan la luz. Cierran la habitación. Acto seguido toma el teléfono, siente la claridad en su rostro y, como un robot moderno, se pierde en otra dimensión.

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Omar dijo:

1

8 de abril de 2024

20:28:36


Espléndido artículo, no ha ce más q reflejar una realidad triste q afecta al mundo hoy, y sobre todo a la juventud cubana, desde edades tempranos se pierden en ese camino, mis saludos y gracias por este artículo.

carlos dijo:

2

11 de abril de 2024

15:34:40


Maravilloso articulo un mal que nos aqueja en cualquier pais vivo fuera de cuba y el negocio de la estetica se combierte en algo casi de rutina dejando mutiladas amuchas jovenes, gracias x el tema es necesario y requiere mas cuidado.