ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Cada vez que voy en busca de un transporte hacia mi trabajo me encuentro con ella. Llego a la acera, pido el último y alcanzo a verla. Tiene todo en contra, pero luce espléndida. Apenas cuenta con unos centímetros de tierra, una especie de isla dentro de un pequeño triángulo,  una esquina imperfecta en el pavimento que se besa con el ribete de concreto por el que camino.

Las personas pasan y la rozan con su ropa, a veces de forma brusca. Le tiran refrescos y bebidas, un perro la zarandea, pero no mengua el brillo de sus flores blancas con centros amarillos. En la distancia parecen caritas felices en miniatura, y hasta me alegran el día.

Quisiera que mis orquídeas fueran igual de resistentes. Las veo tan distinguidas y exóticas. Florecen en mis meses preferidos, pero, en mis manos, se niegan a contentarme con una de sus flores entre violetas y azules. Las he tenido de muchos tipos, me las han regalado o las he sembrado, las he puesto en cocos, ladrillos y troncos de árboles, pero el final siempre ha sido el mismo: comienzan a tomar un vicio amarillo que se expande, como un cáncer, hasta arrancarle la vida.

Por eso admiro tanto a las margaritas que sobreviven, como metáfora viva de la resiliencia, en la parada a la que llego, por lo general, con el cansancio acumulado sobre los hombros. Los peores días son aquellos en los que me empecino en usar tacones. Me miro en el espejo  y me siento poderosa. Tan solo camino un par de cuadras y me arrepiento, rotundamente, de la elección. Intento llegar con mis tobillos intactos, pero siempre tropiezo con montones de piedras y piedrecitas.

En esos días busco sentarme. Cruzo los pies. Los muevo de forma rítmica, como si siguiera el tictac de un reloj, como si marcaran mi propio tempo. Desde la esquina en la que estoy, la margarita luce impresionante. Pero nadie la nota. Decenas de personas pasan frente a mí, algunas hablan entre sí, todas van apuradas, no tienen tiempo. La mayoría ni sabe que en una esquina, y contra todo pronóstico, permanece radiante.

Ni siquiera me atrevo a robarle una flor. Sería un sacrilegio despojarla de su atavío, dañarle la belleza. Ha sobrevivido a demasiadas cosas.

Mientras espero pienso en la vida. A veces, los secretos más profundos de la existencia humana se hallan en lo simple, en eso que no alcanzamos a ver, sumergidos en la dinámica asfixiante del mundo moderno.

Todavía es nuevo el año que comenzó. Estoy en la parada y, como de costumbre, puedo verla. ¡Tengo mucho que aprender de ella! Deseo que este 2024 me traiga el coraje para, incluso en medio de los espinos, atreverme a florecer.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

aday Ruiz Moreno dijo:

1

1 de marzo de 2024

15:30:32


Me encanto esta reflexion ,quisiera poder apreciarlas tambien ,lo que no se en que lugar estan. Asi es la vida a veces hay pequeñas cosas insignificantes para muchos y muy valiosas para otros.Felicidades en 2024 y veras que si te lo propones podras florecer ,incluso en medios de los espinos como estas margaritas que te dan tanto impulso a vivir y seguir cada dia imponiendote a los desafios

Leslie Respondió:


3 de marzo de 2024

08:33:55

Miles de gracias por leerme y por los buenos deseos, que también usted encuentre su margarita y logre florecer entre los espinos.