Juan, el protagonista la película Juan de los Muertos, con frecuencia decía una frase capaz de sintetizar la filosofía de los cubanos: «Yo lo único que necesito es que me den un filito». La genialidad de aquella idea nos lleva a pensar que, en los tiempos duros y difíciles que nos ha tocado vivir, buscar ese filito es también fijar una posición ante la vida.
Traigo a colación el tema porque algunos piensan que, para ser emprendedor, hay que ser trabajador por cuenta propia o no tener vínculos con el Estado, cuando la realidad demuestra que se puede ser próspero en cualquier circunstancia, todo lo cual depende de la mente positiva o negativa que se tenga para enfrentar los problemas.
Por razones del oficio, asisto con frecuencia a reuniones, voy a recorridos o visito industrias, fábricas o empresas de distintos tipos, y lo que más observo es a muchos empresarios quejándose de que no hay tal o más cual recurso; que aún sufren muchas trabas para adquirir la materia prima, producir, comercializar, o que le falta fuerza de trabajo, entre otros lamentos; en cambio, poco hablan de las posibilidades que tienen ahora para crecer, a partir de las muchas medidas aprobadas por la dirección del país para estimular el desarrollo de las fuerzas productivas.
Limitaciones existen, son reales, nadie las niega; mas también hay vías, caminos y «filitos» como los que han visto muchas personas exitosas para salir adelante. Los que solo ven problemas y no soluciones, jamás alcanzarán prosperidad en el negocio o la empresa que dirigen, ya sea privado o estatal, porque no logran ver las oportunidades, aunque las tengan en sus narices, como decimos en buen cubano. En fin, nunca piensan en grande.
Desde luego que no son todos los que actúan así. Recuerdo el caso de un cuadro joven y talentoso que dirigió la Empresa Geominera del Centro, quien, con iguales limitaciones que los demás, diversificó sus producciones, obtuvo cifras millonarias de ganancias, sembró comida para alimentar a sus trabajadores, y hasta construyó casas confortables para su gente, entre otros logros.
¿Y qué tenía él de diferente? Pues una mente positiva, era arriesgado a la hora de tomar decisiones y nunca tuvo miedo a buscarse problemas con sus superiores. Además, decía lo que pensaba, que casi siempre era sensato. Por eso él triunfó, como también lo han hecho muchísimos particulares.
En el actual contexto, la empresa estatal socialista tiene que ser la más ambiciosa de los actores económicos que hoy proliferan en Cuba, porque emprendedor no significa hacer un negocio privado, sino ser proactivo y estar constantemente en la búsqueda de soluciones a los problemas que aparecen, encontrando vías y alternativas posibles.
Eso es lo que explica que, con iguales limitaciones y trabas que aún tenemos, con los entuertos del ordenamiento, haya empresas que se mantienen con utilidades, progresan, crecen y diversifican sus producciones; mientras otras, haciendo lo mismo, no lo logran.
Igual sucede en el sector privado. No pensemos que todos son exitosos, aunque es cierto que alcanzan mejores resultados en lo que se proponen, porque todo lo que hacen les duele y lo sienten como propio, algo que no siempre ocurre en el sector estatal, en el que muchas veces impera eso de «lo que es de todos no es de nadie».
En el complejo contexto que vive la nación, busquemos, como Juan de los Muertos, ese filito que nos permita escapar del cerco económico que se nos impone, y burlemos también las muchas trabas burocráticas que se interponen en el camino. Eso también es cubanía.


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