ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Por supuesto que el título de este breve comentario es, por esencia, metafórico.

No obstante, usted, que ha comenzado a leer el texto, puede estar seguro de que, efectivamente, una cartera de mujer desató tremendo «incendio», recientemente, en pleno éter digital.

No lo digo solo por el torrente de Me gusta, Me encanta o Me importa que en un pestañazo acuñaron personas de todas las edades y procedencias, en torno a un post que, inevitablemente, recién había puesto en órbita yo.

Esas reacciones de puro clic pueden ser un acto tan formal como el que realizaría un robot. Y yo hablo de «fuego» envasado en sentimientos, en valores a bordo del ser humano.

El chispazo lo había causado el bolso que encontró un joven llamado Dariel Pérez Pérez, quien, al abrirlo, constató una buena cantidad de dinero en efectivo, tarjeta de banco, varios documentos y, sin que otra idea le rozara la mente, decidió hacer lo mismo que décadas atrás hubieran hecho sus abuelos: devolverle a la dueña, intacto, todo aquello.

Con tal propósito, situó en Facebook un anuncio y un par de fotos que casi medio centenar de amigos se encargaron de compartir o de multiplicar rápidamente.

¿Hasta ahí la historia? Nada de eso. El poder que, para las buenas acciones, también tienen las redes sociales permitió que la joven Yamisleidy Moreno Moronta, angustiada propietaria de la cartera, se enterase, allá en Remedios, de que su desesperación tenía remedio, gracias a que –sí– hay personas honestas, honradas, sensibles, humanas…

Imposible plasmar todos los comentarios escritos por internautas que jamás han visto al Dary (así suelen llamar a Dariel sus familiares y amigos), pero que se dirigieron a él con tanto cariño, admiración y sencillez como si lo hubieran conocido desde siempre.

Hablo de quienes, como Rosario Sánchez, expresaron: «Que Dios bendiga a ese joven; un gesto admirable que dice mucho de los valores que aún tienen muchos cubanos». Hablo de criterios como el de Wilfredo Osuna: «Gracias Dary, te felicito por tus valores». Y pienso en lo afirmado por Eulalia Turiño: «para que todos veamos que aquí sí hay valores y no vayamos por ahí diciendo que la juventud está perdida».

¿Por qué motivo Dariel movió cielo y éter para devolver la cartera? Por honestidad, por virtudes. ¿Y por qué decenas y decenas de personas tuvieron hacia él estimulantes frases de reconocimiento, sin una sola crítica o suspicacia? Obvio: porque también llevan dentro o se identifican con esas virtudes.

Acude en este instante a mi memoria algo que escribí hace varios años.

Mientras barría las calles tuneras en plena madrugada, Zacarías, humilde obrero de Comunales, encontró una «riñonera» que decidió entregar. Al levantar acta, los compañeros de la Unidad de Policía constataron abundante divisa en billetes, tarjetas de banco, monedas de altísimo valor numismático, carnés, un pasaporte a nombre de un ciudadano italiano…

«¿Y qué sentiste al ver que devolvías todo aquello?», le pregunté entonces a Zacarías.

Y la respuesta de aquel hombre, que vivía en un cuarto inconcluso, prestado por un amigo, fue: «Me sentí lo que yo soy: un millonario».

Gracias Dary, por recordarme ahora esa vivencia, y por demostrarle a Cuba y al mundo que también eres un millonario… de los valores humanos.

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