ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Enseñar Historia no es asunto menor, no se trata de contar bien el cuento, sino de asumir la complejidad de acercarse al hecho pleno de subjetividad, pasión, lecturas interpretativas o legitimación de verdades desde el poder de los hombres.

Si de nuestra historia se trata, es preciso partir de un dato: la historia no es solo el hecho político o militar, sino es la historia de la cultura. Solo desde una mirada sociocultural se puede dar humanidad al dolor, a la angustia, a la esperanza, a los dilemas en los que se vieron envueltos los diversos protagonistas; los que aparecen en los libros y a los que se diluyen bajo el nombre que agrupa tantos nombres: el pueblo.

 Se cuenta que una tropa española fue sorprendida, y entre los trofeos ocupados, había un libro. A veces, en la noche de silencio en el campamento mambí, se oía la risa de alguien que leía el libro capturado. El ejemplar que había cruzado los bandos de las dos trincheras era El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha. En la escena militar no se hablaría del libro; pero sí en el espacio de la cultura, que nos asoma al documento literario, que pasa por encima de los fusiles que se apuntan.

La Historia debe contemplar una mirada sincrónica y diacrónica. Lo primero nos lleva a ver qué está ocurriendo en ese tiempo, en ese país o región del mundo. Qué ideas y batallas son las que se libran, porque ninguna historia es un hecho aislado del resto de la historia universal.

Lo diacrónico nos ayuda a comprender la evolución de un hecho o una idea. El error sería ver la historia en migajas y fragmentos ajenos al tiempo y al devenir.

Enseñar Historia es estar en guardia contra el error fundacional del acto historiante: juzgar el pasado con los  valores y prejuicios del presente. Tal presentismo niega la humanidad de lo humano, la verdad, la fragilidad del hombre, que defiende una idea.

Hablar, por ejemplo, de anexionismo, al margen de un contexto, en el que no se han desarrollado los acontecimientos que se verán desde otro presente, es caer en la trampa de los anacronismos: examinar algo fuera del tiempo. Y un hombre fuera de su tiempo y circunstancia es un peón frío, que puede mover a su antojo el ajedrecista que escribe una historia.

Hay que tocar las zonas de silencio para evitar estancamientos, vacíos y pérdidas de la memoria. El movimiento independientes de Color y la matanza de más de 3 000 negros y mulatos, por ejemplo, fue un hecho secuestrado por la historiografía cubana, guardado como quien esconde una mancha.

El hecho, sin embargo, está lleno de lecciones; lo que no pudieron los españoles ni los estadounidenses, lo hicieron los cubanos, matarse entre ellos mismos después de haber peleado juntos contra un imperio, y machetear a un general como Quintín Bandera.

Así, en el período revolucionario, olvidamos, digamos de pasada, que José Agustín Diego Acosta Bello, el autor de La Zafra, texto publicado en 1926, fue también Poeta Nacional. La enseñanza de la historia tiene que incorporar a sus planes de estudio, las proezas, los desafíos, pero también los desaciertos y errores.

Deben explicarse los errores en la política cultural, las polémicas, los desafíos, la lucha contra los dogmas, las nefastas consecuencias. Y todo ello sin olvidar el mensaje del poeta Rabindranath Tagore: «Si cierras la puerta a los errores, dejarás fuera la verdad».

Acercarnos a la difícil enseñanza de la historia exige considerar el mundo en que vivimos, con sus redes digitales, lleno de memes, de hiperrealidad, de colonialismo mental, de ruptura de la noción de tiempo y progreso, de zapping que nos borra el acontecimiento; es un tiempo que anula el pensamiento y la atención a favor de estímulos de imágenes y emociones.

Un viejo proverbio abakuá asegura que «la historia es dos veces, lo que sucedió, y lo que dicen que sucedió».

Acercarnos a ella exige, por tanto, pasar por la visión de los vencidos y los vencedores, entrar callado al recinto del polvo de un combate, a una discusión bajo los mangos, a lo heroico del héroe o el bandido, a la herida o la cicatriz  por donde escapa la historia,  un fuego inconcluso.

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Emilio Garcia Capote dijo:

1

1 de septiembre de 2023

10:09:40


Excelente trabajo, muy bueno, fácil de comprender,gracias al autor