ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Vivimos tiempos complejos, en nuestros días, es común que las opiniones se polaricen y las injurias pasen a ocupar, con regularidad, el lugar de los argumentos. Las ofensas se han convertido prácticamente en la única arma que blanden algunas personas para «defender» sus ideas y posiciones.

El desarrollo acelerado de internet y su ecosistema digital, redes sociales incluidas, ha traído aparejado, además de las ventajas de su uso para el desarrollo humano, el surgimiento de elementos disruptivos del orden ético.

Se ha convertido la red de redes en el espacio de germinación y florecimiento de los llamados haters (odiadores) y otros especímenes similares.

Sin embargo, estos factores también se expresan en el mundo real, la «batalla» de las injurias trasciende ambos espacios y prolifera en las plazas públicas, reales o virtuales.

Según plantea la Sicología, los motivos por los que nos ofendemos son múltiples. Sentirse ofendido es un estado emocional complejo en el que intervienen factores personales, atribuciones causales internas o externas y componentes relacionales que influyen en nuestra interpretación de lo que ha sucedido.

Dos epítetos digamos que se han puesto de moda en nuestros espacios públicos, tanto en el real como en el digital. En verdad, causa asombro que sean apreciados y, más que eso, sentidos o utilizados como ofensa.

Para los cubanos, hermanados con la causa palestina, conocedores del valor, la integridad y sacrificio de ese pueblo en la lucha por la supervivencia de su nación, debe ser un orgullo extraordinario ser llamado palestino.

Los que usan el término como ofensa no hacen más que repetir, inconscientemente, estereotipos construidos por los medios hegemónicos, sentimientos racistas, desprecio al sacrificio de un pueblo al que le han arrebatado sus tierras, destruido sus casas y asesinado a sus hijos.

Otro término es el de clarias, utilizado por los enemigos de la Revolución para desacreditar y afrentar a los que en las redes sociales rompen lanzas por Cuba.

Su nombre se deriva del griego chlaros, que significa vivo, animado, dada la capacidad de estos peces de permanecer fuera del agua largo tiempo y su fácil adaptación y resistencia a las condiciones ambientales adversas; si le llamásemos pez cubano, no sería un dislate.

Extrañamos aquellos años de beisbol en los estadios, en los que el respeto al contrario primaba por encima de todo, esa actitud era orgullo de nuestros compatriotas y asombro de los extranjeros que nos visitaban.

Debemos poner coto a la vulgaridad, a la ofensa y al vituperio del adversario, que más que nada, expresan falta de educación y otras profundas rupturas, éticas y personales, que no pueden ser justificadas por el choteo o el cuero, como le dicen ahora.

La urbanidad, el civismo y la cortesía no son adversas a la rivalidad y al buen humor criollo.

Ofender no puede ser una moda, venga de donde venga. Nadie defiende con más fiereza a sus cachorros que una leona, no es más resistente que una claria, ni más valiente que un palestino.

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Claudio Zayas dijo:

1

21 de agosto de 2023

10:40:13


Estoy muy de acuerdo con su escrito, me causa mucho enojo oir esos epítetos en los eventos deportivos y los comentaristas deportivos o narradores de la pelota, por ejemplo, se hacen de la vista gorda de estas ofensas. Ya es común que en todos los estadios los adversarios de los azules griten ruge leona como en el latino le gritan a los adversarios de Industriales, particularmente a los equipos de la zona oriental: Palestinos, lo cual también es muy censurable. Pero leona va más allá de un choteo, es una falta de respeto. Pero donde le pusieron la tapa al pomo fue cuando el equipo infantil de la capital fue a jugar a Granma el público les gritaban a los niños peloteros el despreciable Ruge Leona y los narradores del partido que fue televisado para todo el país: bien, gracias!

Miriam Pino dijo:

2

28 de agosto de 2023

12:24:04


Excelente reflexión. Somos un pueblo culto, con una capacidad de comunicación inmensa,con una cultura e integridad reconocida en el mundo entero, entonces no debemos permitir que la emoción de un juego, el desconocimiento o personas inescrupulosas nos ofendan solo por quedar bien con alguien o hacernos quedar en ridículo. Al final todos somos CUBANOS y que mejor orgullo para nosotros que nuestra gente, nuestra Patria levante su bandera y cante su himno en alto.