«La revolución es un niño que persigue a una mariposa, no importa si la atrapa… en el intento se yergue el humano y apunta al infinito».
Así lo presentó José Carlos Mariátegui –el gran latinoamericano, el Amauta–, un concepto que otros definían desde la academia, quizá con palabras certeras, pero desprovistas del encanto de nuestros Andes, de nuestras selvas, de nuestros pueblos.
Ernesto Guevara de la Serna, simplemente el Che, ese modelo de hombre que no pertenece a esta época, paradigma que concierne al futuro, como lo definió Fidel, nos invita al reto de ser como él.
Ser como él es un desafío, es una meta que parece imposible de alcanzar, pero al intentarlo «se yergue el ser humano y apunta al infinito».
Guevara, también un Amauta (maestro, en quechua) de todos los tiempos, sabía que los revolucionarios tenemos el deber de apasionar, conmover, hacer partícipes a todos, revelar esa nueva realidad en marcha, enseñar nuestra doctrina basada en la posibilidad, en la ciencia y en el amor a la vida, a los seres humanos, a la naturaleza.
Esa doctrina de fe en el hombre, de amor profundo, de entrega y solidaridad que es el comunismo, en el que creía con la certeza que cargaba en su gran corazón de Quijote «que a la estrella de su frente puso alas».
Entendía que solo los hombres y las mujeres armados de grandes dosis de amor y de confianza en los seres humanos podían construir el mundo del futuro que vislumbró, y por el que entregó la vida. Pretender ser comunista y olvidar al Che sería un tremendo contrasentido.
No se trata de llevarlo en el pecho como una medalla, algo que, sin duda, le provocaría rechazo, ni en una tela para mostrar adhesión o rendirle homenaje. Lo esencial es perseguir a esa mariposa de Mariátegui, intentar atraparla.
Defendamos siempre el credo del Che, que era el de Fidel, y al que consideró maestro y siguió como soldado. De Che hemos de aprender y ejercitar todos los sentidos guevarianos, que disparaban las alertas ante cada movimiento del imperialismo.
En esta justa eterna con el pasado, con el que tiene que lidiar la nueva sociedad en formación, su legado es imprescindible.
Cada 14 de junio, como cada día en que haya un motivo de lucha, vuelve a nacer el Guerrillero Heroico, vuelve a recorrer el continente en motocicleta, a reunirse con Fidel en casa de María Antonia, a iluminar la Sierra Maestra, a construir el socialismo en la Cuba nueva que germinó con él.
El Che regresa para andar el mundo sobre el costillar de Rocinante, utopía al hombro, para intentar juntar en cuadro apretado a los viejos guerreros de Bolívar, de Sucre, de San Martín y de Hidalgo, a los desarrapados y olvidados, a los hombres libres de Sandino, a los rebeldes de la guerrilla inmortal que lo acompañó para emancipar un continente.


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Latvia dijo:
1
12 de junio de 2023
11:09:39
Nelson Gustavo Blanco dijo:
2
23 de junio de 2023
12:59:48
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