Con una «ayudita» de alguna que otra agencia de prensa europea, de esas que siempre tienen «la última» en eso de «derribar al Gobierno comunista cubano», los financiados e inspirados, desde Estados Unidos, para producir un caos que llevara al golpe de Estado en Cuba, en julio de 2021, olvidaron lo principal: la Isla está defendida –verdaderamente defendida– por la inmensa mayoría del pueblo.
No piensen, ilusos agoreros del odio y el mal, que porque tengamos críticos podríamos convertirnos en mansos reos de quienes nos quieren colonizar.
Y no se asusten cuando, a «la hora buena», nos vean usando las armas –cualquier tipo de ellas–, incluyendo los brazos, la convicción y la firmeza, para decir stop –si lo prefieren en inglés– a los que intentan desestabilizar nuestra nación.
No fue la primera vez que asalariados del imperio vieron truncadas sus pretensiones. Pero también en julio de 2021 olvidaron en qué Cuba –no la de Miami– vivimos, qué clase de cubanos somos, cuán organizados, preparados y decididos estamos para enfrentarlos y vencer. No lo duden ni intenten subestimarnos.
El año pasado, los inspiradores y quienes les pagaban parecían convencidos del «derrumbe». Se imaginaron que el pueblo se uniría a los vándalos. Y, cuán enorme error, olvidaron que Cuba es un país de leyes y de autoridades preparadas y fieles.
Fracasado el «golpe», y con la «ayudita» de la misma prensa que vio abortados sus «palos periodísticos», los financistas de Miami, con sus medios y sus dólares, se han propuesto crear una matriz de denuncia sobre «la represión en Cuba». Y hasta fabricaron nuevos actores para arremeter contra nuestras leyes y autoridades. Crearon la imagen de represión contra menores de edad, supuestamente detenidos por la Policía.
Han sido, además de fracasados portadores del odio, ineptos fabricantes de mentiras. La emprendieron entonces contra nuestro sistema de Justicia, fortalecido en la labor de cada profesional y blindado por reglas y normas que lo hacen cada vez más justo, humano y a la vez más firme.
Así se han pasado estos 12 meses, nerviosos de quedarse sin el pago que les hacen sus jefes desde el Departamento de Estado o desde otras dependencias estadounidenses, con fachadas de organizaciones no gubernamentales.
Había que preparar algo nuevo para 2022 y apostaron por los mismos autores de siempre, y hasta por el calor de nuestro verano y las dificultades económicas que atraviesa el país –como todo el mundo, incluyendo Estados Unidos–, pero en el caso nuestro con el agravante de medidas genocidas impuestas precisamente desde la potencia vecina, reforzadas con 243 nuevas, inventadas por el gobierno de Donald Trump y cumplidas al pie de la letra por su sucesor, Joe Biden.
En este escenario, me imagino cuánto entusiasmo habrá provocado en los agoreros del mal el incendio de una unidad de la termoeléctrica de Felton, cuando ya se preparaba finalmente para el arranque tan esperado por nuestra población.
Pensaron que «aquello» era insoluble. Olvidaron, una vez más, que nuestros trabajadores eléctricos son, en su rama de trabajo, como los de la Salud en la suya; todos preparados y listos para vencer las más complicadas dificultades.
Son los nuestros héroes capaces de hacer realidad la convicción de todo revolucionario fiel: construir una Cuba mejor, para el presente y el futuro.
No hay patraña que venza aquí, como tanto el más bajo golpe. Por eso el 11 de julio es fecha victoriosa, y que celebramos.


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