«Mi sangre es muy importante, es del grupo AB (-). Es muy necesaria y para eso estoy aquí, como siempre he hecho. Yo soy donante de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR)».
Esa era la tángana –su tángana revolucionaria– de Leonardo Viada, en el Banco Provincial de Sangre de La Habana, donde los hijos de esta ciudad, en nombre de Cuba, fueron a ofrecer su corazón en solidaridad con las víctimas, lesionados y familiares del accidente del Hotel Saratoga, el pasado 6 de mayo.
A Viada no lo dejaban donar, por eso peleaba, y hasta el propio Gerardo Hernández Nordelo, coordinador nacional de los CDR, tuvo que mediar para convencerlo. «Él no puede, sus 80 años se lo impiden. Ante él, ¿cómo no sentirse orgulloso de este pueblo?».
La nación y su capital se duelen, su herida está abierta. Pero en esta tierra, cuando el dolor se duplica, la generosidad se quintuplica. En medio de tanto pesar, hasta el banco de sangre también llegaron los peloteros del equipo Industriales, esos que llenan de emociones los hogares con sus jugadas y batazos.
«Es muy triste lo sucedido. Como atletas de La Habana y de Cuba hemos venido a mostrar nuestra disposición, a brindar nuestra sangre, a estar al lado del pueblo, para también a hacer patente nuestra solidaridad y amor a los familiares de las víctimas, a los lesionados. Somos parte del pueblo, por eso estamos aquí». Así, visiblemente conmocionado, habló uno de los líderes del cuerpo de lanzadores de los Leones, Pavel Hernández.
Junto a Viada y a Pavel, un mar de amor en cuyas olas se subieron, principalmente, los jóvenes, bañó a la ciudad con la savia de sus venas. Los estudiantes de las universidades, obreros, militares, otros deportistas, como la excelsa selección nacional de boxeo, o la de pesas, científicos, doctores del propio Instituto de Hematología, los alumnos de Medicina y Enfermería pusieron sus brazos por la vida.
Por supuesto que el escape de gas que causó la explosión en el Saratoga conmocionó al país, cual violento terremoto. Pero si en menos de diez horas había más de 1 500 donaciones de sangre fue porque los sentimientos que habitan este pedazo del Caribe están en los cimientos culturales de este pueblo, en la obra tan humana que edifica hace más de 60 años, y que son hoy un nítido sello de nuestra nacionalidad.
La solidaridad, la sensibilidad y el amor son consustanciales a un modelo de desarrollo como el cubano. Otras historias hablan de ese altruismo. Recuerdo al Primer Secretario del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en plena contienda del país contra la pandemia del SARS-COV-2, y ante la expresión genocida del recrudecimiento del bloqueo, decirnos: «La COVID-19, que ha paralizado tantas cosas, no ha detenido en Cuba ese movimiento solidario».
Datos del Ministerio de Salud Pública de hace poco menos de un año, cuando se celebraba el Día del Donante, daban cuenta de que, gracias al ejército de donantes de sangre, plaquetas y plasma, en Cuba se garantizaron, en los últimos dos años, más de 1 200 000 cirugías, se transfundieron más de 250 000 pacientes, se realizaron 237 trasplantes, y está garantizado con la mayor prioridad el Programa Materno Infantil.
Esa entrega es, también, legado de quien hizo de la solidaridad un templo de la Patria. En el mismo lugar de la tángana de Viada, o de los lanzamientos de Pavel y del desprendimiento del pueblo, encabezado por sus jóvenes, Fidel donó su sangre, el 6 de junio de 1970, para los damnificados del terremoto de Perú.
Emociona sí, lo cotidiano, pero no sorprende: la nobleza de Cuba está en la epidermis de la Patria, a flor de piel de cubanas y cubanos.


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Dixie bayo dijo:
1
17 de junio de 2022
20:37:40
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