ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

 Con el color inevitable de los años y el olor del tiempo transcurrido, ella aún conserva, más de tres décadas después, el recorte del periódico Pionero –antecedente de la revista de igual nombre–, donde una vez salió publicada la Elegía a los zapaticos blancos, ese poema del Indio Naborí que conocemos todos los nacidos en esta tierra antillana.

 Era entonces bien joven mi mamá, yo no levantaba ni una cuarta del piso y ya ella tenía la esperanza de escucharme recitarlo alguna vez. Fue así que el cuidado fragmento de papel pasó horas entre sus manos y las mías, hasta que lo memoricé completamente. Aunque para mi mamá ya era costumbre verme declamar, aquel domingo de abril, a la par de que yo iba hablando, ella movía sus labios, pues, de repasarlos

juntas en casa, ya había memorizado cada verso, conocía cada pausa y los movimientos que acompañarían mi recitación.

Como parte de una de las actividades de la compañía infantil de arte a la que pertenecía, me correspondió salir al escenario a contar la historia de Nemesia, de Girón, de este pueblo. Algunos años después, en el anfiteatro del ipvce Federico Engels, volví sobre las enseñanzas de mi madre, y me estremecí nuevamente al declamar ese poema.

Quizá mis hijos no puedan repasar la Elegía a los zapaticos blancos usando, como yo, el recorte que todavía hoy guarda mi mamá, pero sí sabrán de Girón, de cómo los combatientes y el pueblo todo, los poetas y los periodistas vivieron y contaron uno de los episodios más titánicos de la historia de nuestra Revolución. También en el traspaso de los valores y de la historia de una generación a otra, está la salvaguarda de todo lo conquistado.

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