ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Ellos son dos seres solitarios, y con rumbos extraviados, durante una noche de frustraciones y demonios mutuos dejando el campo libre para que sostengan un encuentro sexualmente espectacular. Se juran amor eterno –como suele suceder en estos casos–, pero la película sigue y habrá que terminarla.

 Porto (2016) –que será presentada en la televisión– es una coproducción entre Portugal, Francia, Polonia y Estados Unidos con escenarios naturales en la ciudad de Oporto, donde estos dos seres, algo raros, se conocen y tienen una conexión mágica, que la película tratará de reconstruir para explicarse lo inesperado. Se trata del primer filme de Gabe Klinger, un crítico de cine y escritor brasileño que estuvo respaldado en la coproducción por Jim Jarmusch, una garantía en cuanto a su sostén artístico.

 A ella la encarna la bella  actriz y modelo francesa Lucie Lucas, aquí como una treintañera madre de una hija, ser de inseguridades que en algún momento asegurará haber estado loca, y él es Antón Yelchin, todo un símbolo del cine independiente  estadounidense, en la piel de un hombre más joven que ella, viviendo una vida a rumbo en una ciudad que no es la suya, pero ama. Antón Yelchin, en su última cinta, poco después de terminarse el rodaje de Porto, falleció en un accidente automovilístico.

Gabe Klinger, también guionista, arma su narración en tres momentos perfectamente definidos visualmente por cuanto recurre a formatos diferentes para reconstruir, en tiempo y espacio, los misterios de este amor que terminará por llevar al barranco a uno de los protagonistas. El relato está planteado desde la sensualidad y la melancolía, fina poética a la que mucho aporta la ciudad portuguesa de Oporto, y que nos remitirá a filmes como El último tango en París, el clásico de Bertolucci, y a la trilogía de Jesse y Celine, de Richard Linklater, exhibida en la televisión. Un filme, Porto, que apenas rebasa la hora y 20 minutos y deja con deseos, no solo de seguir viendo, sino de seguir sabiendo, en especial del personaje taciturno que interpreta Yelchin, amante desorbitado de la noche a la mañana que, según sus propias palabras, nunca había amado.

La película está rodada con una sorprendente maestría técnica para tratarse del primer filme de un director proveniente del llamado cine independiente y que se apoya en una sugestiva fotografía para ofrecer los estados emocionales de los protagonistas y su entorno. Una cinta de exultante sensualidad, por lo que cabe recordar que los motivos eróticos, para que resulten válidos, deben hallar un fundamento en la estructura artística de la obra, y este es el caso.

¿Pero puede la más deslumbrante noche erótica labrarle los senderos a una larga historia de amor? Esa es la tesis de Porto, y está concebido para que el espectador aporte lo suyo.

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