Hace 19 años, por esta fecha, me cupo en gracia dirigir la primera megaferia del libro en Sancti Spíritus. Hasta ese momento se hacían ferias, pero mucho más pequeñas, de apenas un día de duración; no como aquella de una semana redonda, con decenas de invitados, programas de presentaciones y lecturas por toda la ciudad, y casi medio millón de libros en venta, varios de ellos muy codiciados.
Se realizó promoción por diferentes vías: en la radio, la televisión, centros de trabajo… La expectativa era tremenda: tanta, que el día de la inauguración hubo gente que madrugó, y, en el molote de entrar a la tienda, rompieron la vidriera.
Recuerdo que ese día fui entrevistado para la radio. Había un móvil cubriendo en vivo las incidencias del evento, y luego de las preguntas naturales, salió el tema de la vidriera rota. Por supuesto, que se rompa la vidriera de una tienda, más cuando esta fue generosamente prestada por la empresa de Comercio para facilitar el mejor desenvolvimiento de la feria, no es asunto del cual uno deba sentirse orgulloso.
Sin embargo, aclarado esto, también argumenté que si estábamos en un evento literario, igual parecía justo mirar el tema por su cuota de Realismo Mágico. Caramba, que por primera vez en mi vida yo veía semejante cola no para comprar carne o cerveza barata, sino para tener acceso a la buena literatura.
En fin, recordé esa anécdota porque leo, y varios amigos me lo ratifican, que tanto en La Habana como en Santiago, han sido inmensas las colas para ofrecerse como voluntarios en el ensayo de las vacunas Soberana 02 y Abdala. No sin cierta sorpresa, he visto cómo algunos amigos, de los que no suelen ser muy expresivos, estallan de alegría y comunican que serán parte de los ensayos.
Estaba yo cerrando este artículo, casi terminado el párrafo final, cuando hice un alto para llegarme a la bodega y comprar el pan normado. La leche para los niños y las dietas acababa de llegar y, en esa cola me encontré con Gaspar Fuentes Cortés, antiguo compañero de trabajo en la ya desaparecida papelera de Jatibonico. Me preguntó si estaba escribiendo algo y le respondí que sí: ahora mismo un artículo, y le conté las dos anteriores anécdotas.
Entonces me relató otra. Resulta que no pudo ir a la guerra de Angola por causa de una gran cola. Habían pedido voluntarios para la contienda, y él se presentó de los primeros. Cuando el director de la fábrica lo supo, de inmediato fue a reclamar su liberación, en tanto Gaspar era un alto directivo en la empresa, y no debía irse de improviso. Le dijeron que no: la tarea era enviar a cien combatientes ese día para la preparatoria en Matanzas, y había que cumplirla. Solo sería liberado si allí se presentaban más de cien. Finalmente Gaspar se quedó en Cuba, aquel día acudieron más del doble de los voluntarios solicitados.
De regreso a casa con el pan en la jaba, la anécdota de Gaspar me recordó otra contada por mi paisano y amigo Miguel Sacerio, uno de los médicos cubanos, miembro de la brigada Henry Reeve, que en 2015 fue a combatir la epidemia de ébola en Sierra Leona. Para tan riesgosa misión se brindaron miles de voluntarios, y la pasión al argumentar el derecho a ser uno de los escogidos, fue semejante a la de cualquier cola común.
En fin, he escrito todo esto porque quizá no exista uno de esos grandes medios internacionales que no haya brindado como noticia destacada el tema de las colas para el pollo o el aceite en Cuba. Por lo común, tales noticias pretenden mostrar una Cuba famélica, casi al borde de la hambruna, aunque, curiosamente, jamás han podido mostrarle al mundo un fallecido por inanición o la imagen de un niño desnutrido.
No solo se obvia el impacto que en las carencias ha tenido el férreo bloqueo estadounidense contra Cuba, sino también la proeza de haber resistido con dignidad todo un año de encierro, en el que no solo se han afrontado significativos gastos para el control de la pandemia, sino también una fuerte reducción de ingresos en sectores claves como el turismo.
Pero bien, tampoco ahora yo pretendo discutir que las colas no sean un asunto cotidiano en Cuba, lo cual tampoco es fenómeno reciente o solo propio de esta coyuntura. Lo que quiero decir es que, en cualquier caso, si vamos a hablar de colas, y nos van a colocar de primeros en el ranking mundial de la especialidad, también se acuda a la necesaria coherencia y se aclare que, igualmente, somos campeones mundiales en colas para el conocimiento, el altruismo y, sobre todo, para esa clase de solidaridad que implica llevar bien puestos los pantalones.


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Enid Sosa Sanabria dijo:
1
15 de marzo de 2021
08:28:34
José Luis Luna Carballo dijo:
2
15 de marzo de 2021
11:52:18
Rolando dijo:
3
17 de marzo de 2021
21:02:31
felo dijo:
4
19 de marzo de 2021
13:09:53
Elsi Tamayo Ochoa dijo:
5
19 de marzo de 2021
16:00:55
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