En 2016 un escándalo de pedofilia sacudió a la iglesia católica de la ciudad de Lyon y, por extensión, a la sociedad francesa.Tres años después, el prolífero director Francois Ozon recogió el hecho en Por la gracia de Dios, Premio del Jurado en Berlín, un filme que podrá verse en nuestra televisión.
Capaz de asumir diversos géneros y estilos, Ozon apuesta por una reconstrucción tan fidedigna como apegada al nervio periodístico del documental. La temática cuenta con títulos trascendentes, como Spotlight (Tom McCarthy, 2015) sobre la investigación del periódico The Boston Globe a violaciones de niños por parte de sacerdotes que presuntamente debían educarlos, un suceso que puso en evidencia el poder político, económico y social de las élites de Boston, prestas a encubrir los delitos.
De tapaderas trata también Por la gracia de Dios, solo que el director acentúa el interés en revelar el proceso interno que sufrieron aquellos niños exploradores abusados, decenas de ellos que, ya hombres, guardaron silencio durante años hasta descubrir que el deplorable padre Bernard Preynat seguía oficiando y trabajando en Lyon con menores de edad.
El nudo se tensa cuando el acusado no trata de negar sus faltas y, al aceptarlas, se muestra tan arrepentido como patético, siempre que el asunto no trascienda al dominio público. Una intención que, bajo argucias diplomáticas, será respaldada por el cardenal Philippe Barbarin, con el pretexto de que el delito ha prescrito al paso del tiempo.
La narración se estructura a partir de tres testigos que sufrieron esos abusos: un padre de familia, católico devoto; un ateo decidido a romper el muro de silencio, y una víctima que, años después, sigue arrastrando las mismas perturbaciones que lo llevaron al borde del abismo.
Las historias personales no se mezclan, aunque los personajes coincidirán en algún momento, porque de aquella unión en busca de justicia se desprendió una organización denominada La palabra liberada, que, hasta el día de hoy, se mantiene muy activa.
Al contrario de otros filmes que se amparan en la advertencia de «basado en una historia real», y luego las licencias de la ficción transforman en alto grado lo verídico, aquí la realidad se ajusta como un guante, pues mientras se filmaba, los tribunales estaban estudiando el caso y falsear la realidad podía ser tomado como calumnia, y esta terminar también ante los jueces.
Si bien el humor ha sido una constante en el cine de Ozon, en esta ocasión se representa solo en un toque de paradójica ironía extraído de la realidad. Es el momento en que el cardenal Barbarin, en medio de una conferencia de prensa dice, algo turbado, que «gracias a Dios», muchos de los crímenes del padre Preynat quedaron prescritos.
Frente a las reiteradas denuncias contra curas pedófilos, habría que recordar que en 2019 el papa Francisco levantó el secreto pontificio para casos de esa índole, una nueva norma que subraya el deber general de cooperar con la justicia y prohíbe explícitamente la imposición de silencio a las víctimas de abusos, secreto pontificio que había sido impuesto en 1972 y que, al ser derogado, debe agilizar –según el documento de la Iglesia– la tramitación de las denuncias y su posible traspaso a las autoridades civiles.


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Rigoberto Taboada Rodríguez dijo:
1
4 de febrero de 2021
12:49:52
rodin Respondió:
9 de febrero de 2021
23:58:01
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