ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Cuando un cantautor como Silvio Rodríguez –quien ha estado durante más de cinco décadas componiendo e interpretando canciones–, decide, a comienzos de junio pasado, estrenar en plataformas digitales su disco Para la espera, estábamos convencidos que se trataría de una propuesta matizada por los exigentes patrones de calidad inherentes a esa personal forma de hacer con que estamos familiarizados.

Componente clave del basamento colectivo de los que se conciben como creadores allegados al quehacer de la canción inteligente, Silvio ha sido pródigo en la concesión de alabanzas plasmadas en canciones que prestigian la condición humana, donde presupuestos éticos como el civismo, la honestidad, el decoro y el valor, entre tantos otros, afincan arraigados sentimientos patrios que nos son afines.

Para intentar explicar semejante desempeño, es obvio que el trovador mayor conoce de la existencia de aquella milenaria piedra filosofal que convierte al plomo en oro, pero que, en sus manos, debido al poder sanador del amor, esta es capaz de transformar la agonía en espléndido sentimiento, el que nos invita a descubrir en La adivinanza, la primera canción del fonograma.

Es la misma energía que mueve al gesto de dedicar esta obra discográfica a la memoria de amigos cubanos de su mayor estima, fallecidos en meses recientes, como el cineasta Juan Padrón y el editor Tupac Pinilla, el cantautor español Luis Eduardo Aute, el cantante mexicano Oscar Chávez, el escritor chileno Luis Sepúlveda y el humorista argentino Marcos Mundstock, así como al poeta César López, hecho que nos habla de esa vehemente fidelidad a la nobleza que le distingue.

Por lo tanto, del disco Para la espera no podíamos esperar algo diferente. Un producto artístico matizado por la austera sencillez de un maestro, conciso y directo como la autenticidad que anima las canciones aquí contenidas. Si el cristalino retumbar de la guitarra domina el espectro sonoro del disco, conmociona la vitalidad de un inspirado cantar que no entiende del pasar de los años en el añejado oficio de convocar el emotivo tributo a la meditación que alumbra los caminos.

Tan es así que, de estas canciones, hasta ahora inéditas, es la pieza Modo frigio la que nos va a trasladar hasta los tiempos primigenios del trovador, tanto por el reconocible diseño de entonces para hacer soñar la guitarra, como por el acento cuestionador impregnado entre los principios que definen a este prestigioso intelectual de nuestro país. En tal sentido, con la canción Si Lucifer volviera al paraíso, Silvio hace uso del sentido polisémico del texto, al indagar en un universo para nada ajeno a las realidades del ser humano de hoy día.

Y es en este tema, en el cual nos encontramos con un tumbao que le llega por su natural inclinación a motivos sonoros genuinamente criollos, que también se pueden apreciar en las piezas Aunque no quiero, veo que me alejo y, por supuesto, en el danzón que da nombre al disco.

No por gusto dicha pieza es la obra más elaborada de este reservorio de canciones, sobre todo, por el imaginativo manejo de la voz, a la vez que reitera el empecinado aliento optimista de siempre, idéntico al de la voluntad del amanecer como símbolo de esperanza en la vida. De nuevo Silvio, cuando coloca estas canciones en nuestros oídos, contribuye con el estado de bienestar para levantar el espíritu en momentos difíciles, al revindicar una oportunidad de sentirnos, con todo derecho, felices por lo que somos.

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Renato Ortega dijo:

1

21 de noviembre de 2020

20:47:25


Una exposicion que refleja exactamente como nos a nutrido el alma de belleza la musica y poemas de Nuestro Silvio bello relato

GMEM1967 dijo:

2

25 de noviembre de 2020

12:36:53


Silvio es la voz clara de la trova cubana.ejemplo de cubano digno.acostumbrado a escribir y cantar para su publico que lo quiere y respeta

Héctor Ramón dijo:

3

27 de noviembre de 2020

20:34:13


Guille, oportuno como siempre y nuestro Silvio a la altura.