ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

«¡Qué cultos son estos analfabetos!», dijo alguna  vez el  novelista inglés, Chesterton, refiriéndose a los campesinos españoles. Pero, ¿cómo se puede ser culto y analfabeto? Es que una cultura  nace de múltiples lecturas;  otra,  de la educación que no depende de títulos académicos, sino de la sencillez legítima del hombre.

Por eso, hay cultura tras un maravilloso saludo que nunca debe ser  menudillo suelto al azar, ni formalismo para abrir el trabajo de cada jornada, sino tuétano del trato y regalo del hombre a su condición humana: Me refiero a los buenos días de cada salida de sol.

Algunos se niegan a  darlos, parece que no duermen bien y entran a las oficinas con la resaca  de un mal humor que no se les quita de la cara; otros prefieren responder al saludo con una mueca imprecisa, estiran los labios; ladean la cabeza, a la izquierda o a la derecha, da igual, el asunto es que no miran a los demás, como si no existieran,  desconocen que la voz puede llevar sobre los hombros a la ternura.

Unos  se sienten muy importantes, terminan por estirarse tanto que  desde su vista de torre amarfilada, los otros parecen cosas lejanas y confusas. 

No faltan los que, con las glorias, se olvidan de los amigos, desconocen a los de otra escala financiera, y las palabras buenos días pueden tener una importancia meramente económica; por ejemplo, llamar la atención para que se fijen bien en el precio de los zapatos. Suelen verse con el cuello estirado y el pecho despidiendo esa  vanidad que es perceptible a través del ciclo respiratorio.

No escapan los que saludan con una sonrisa afectuosa, y detrás esconden la vieja hipocresía que condenó Solón en  los tiempos de Grecia: dicen lo que no sienten; eso de que la hipocresía es parte de la educación, debe tener sus límites, ¿verdad?

Hay quienes no pueden saludar, porque tienen mala educación; porque no aprendieron en la casa, ni en la escuela, ni en la calle, y terminaron por no dar valor a la decencia que alimenta  a las relaciones interpersonales.

Están, incluso, los entretenidos; no saludan porque no se dan cuenta, andan quizá tras un pensamiento, una forma, un poema que se les va por la ventana: son Cronopios, 

–esos seres  soñadores inventados por Julio Cortázar–, los mismos que siempre piensan en la belleza tenaz de las vicarias. Tal vez estos merezcan perdón, aunque a sus espaldas, si no saludan por culpa de las musarañas, se oirá un látigo entre los dientes: ¡Y  éste que se cree!

 En fin, buenos días… permiso… me permite usted… buenas tardes, enseguida le atiendo… un momento, por favor… en qué le puedo servir, es muy amable… gracias…,  son palabras claves que marcan la salud espiritual de un pueblo; cultura en el alma, educación que no omita el desenfado de ser tan alegres como somos. Saludos que sean cordiales, es decir, que tomen asiento en el corazón;  incluso, la expresión  «gracias por su visita», repetida en ráfagas al abandonar la puerta de  una tienda, no puede sonar a mensaje robotizado. ¡Es tan rico nuestro idioma y somos tan afables!

Ahora hay celulares que pueden abrir la puerta de un automóvil, o saber cuando una mujer está embarazada. No sé si alguna vez un celular pueda medir la cultura, el amor, la hospitalidad entre los seres humanos… De qué nos sirve el pensamiento sin los sentimientos. Tengan todos,  muy buenos días… ¡Gracias!

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Patricia dijo:

1

7 de septiembre de 2020

07:04:08


Buenos días para usted, excelente refelexión.

Alfredo dijo:

2

7 de septiembre de 2020

09:31:52


Gracias

Daisy T. Rivero Leon dijo:

3

8 de septiembre de 2020

04:25:49


Excelente reflexion. Tenga Ud. muy buenos dias. Y hasta la proxima.

Ernesto Sánchez Fernández dijo:

4

8 de septiembre de 2020

10:50:50


Esto está muy bueno. Hasta se me han saltado las lágrimas. Buenos días, para todos. Gracias.

Noraysi dijo:

5

9 de septiembre de 2020

03:27:51


Amigo Julio César, tiene usted toda la razón... y se lo digo porque vivo en un barrio con gente así en su gran mayoría y para colmo bajo el mismo techo también con una persona específicamente que actúa las 24 horas como las que usted describe en el 2do y 7mo párrafo de su artículo... lo cual verdaderamente resulta muy incómodo y desagradable, pues ha impedido que fluya la sana y necesaria relación familiar y en consecuencia vivimos prácticamente como extraños... aunque no hayamos tenido ningún problema real de convivencia... No sé realmente cómo puede haber gente que viva estando así tan normal, tranquila y feliz... Lógicamente eso viene de la crianza deficiente que comienza en la cuna, durante los primeros años de vida y después en la primera juventud... Y por supuesto la falta de educación, según veo, se evidencia mucho más de forma general en La Habana que en el resto de Cuba, sobretodo en los niños y jóvenes (como es este caso)... Es una diferencia enorme que hace que, cualquier gente educada que nace y se críe en otra provincia, siempre sienta enormemente este contraste negativo... Que esta reflexión sirva a los padres y a los que aún no lo somos para que contribuyamos a formar mejores seres humanos empezando primero por serlo nosotros mismos...

Julio C Respondió:


10 de septiembre de 2020

10:33:03

Y no se olvide de nuestro Martí: " No son inútiles la piedad y la ternura"

José Antonio Quintana Veiga dijo:

6

9 de septiembre de 2020

10:00:50


!Buenos días, amigo!