ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Tienen azogue en la sangre. Hacen y deshacen por minuto; mientras los padres, en jaque perpetuo, perdemos la partida, porque es imposible seguirles el ritmo.

El cuarto de la casa, un perfecto cuatro por cuatro, para ella es plaza abierta a sus correrías, sorteando laberintos de vetustos muebles porque, dice: «Me sobran energías para gastarlas contra la pandemia».

La madre solo ve la partida sellada a la hora de la siesta vespertina, o cuando viene la novela, tiempo para dormir temprano y, aprovechando que ahora no madruga para la escuela, ese sueño extendido le devuelve las energías hasta el infinito y más allá. Yo, ni pensarlo, cual padre-abuelo sexagenario, cedo a sus antojos de peinarme, pintarme tatuajes con plumones, sembrar maticas en el patio, o juntos cepillar a los dos gatos… muchas veces escondidos bajo la cama, para evitar los «cariñitos» de Angie.

Ya son tres meses de aislamiento, y entre ver muñequitos en la televisión, repasar los trazos indicados por la maestra de prescolar, jugar al parchís, batir los huevos para hacer el flan o pasarles el trapo a los muebles de la sala, vivimos un amoroso tiempo, hasta la hora en que parto hacia el trabajo, no sin escuchar el reclamo de: ¡Regresa temprano para jugar! Es mucho tiempo para un niño sin salir de casa, pero imprescindible.

Sus seis años vendrán a finales de septiembre, pero en un adelanto mostró cómo imagina su fiesta en la casa, junto a sus amiguitos de la escuela, cuando termine la covid-19. La llamará ¡Fiesta loca! Mantuvo en secreto cómo sería y qué le brindaría a sus «invitados». En la tarde del sábado, sin aviso previo, la ensayó. Al compás de la música, el reguero de dibujos, rompecabezas, libros de cuentos, muñecos y muñecas por doquier apenas dejaban ver las losas del piso.

La madre, confabulada, le hizo unas croquetas y, con dos pomos de refresco gaseado, del que venden en la pipa de la esquina, contoneaba la cintura mientras las gotas de sudor bañaban sus mejillas, sin intenciones de acabar aquel desbarajuste casero. Lo disfrutó, aun sin acompañantes.

Pero si ese fue el ensayo, no quiero imaginar cómo será el día en que la epidemia lo permita. Sin descuidar una sola de las medidas que el momento exija, parece que habrá una Fiesta loca, o unos padres locos después de la fiesta.

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Pedro Luis Medina Fajardo dijo:

1

17 de junio de 2020

00:15:25


Suerte que tenemos esos locos bajitos,si no,no se como pasábamos estos meses,si fueron la esperanza y la obligación de cuidarnos para salvarlos,gracia a ud por reflejarlo tan bonito.