ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Mi abuela Elvira tiene, por estos días, más reluciente que de costumbre su blanca cabellera. Dicen que un nuevo cabello encanece cada vez que estos seres complacen a sus nietos, aunque el gusto con que se entrega en su nueva tarea trasciende a los miembros de la familia.

Desde que se reportó el primer caso de covid-19 en nuestro país, ella no se desprende de su máquina de coser Singer, regalo de su suegra hace ya más de medio siglo y que, con una innovación por aquí y otra por allá, la ha ayudado a sustentarse toda la vida. 

En esta ocasión, ella solo espera a cambio una sonrisa y, sobre todo, que permanezcan sanos aquellos a quienes les entrega los nasobucos confeccionados con retazos de tela, recortes que le quedaron de trabajos anteriores, o de lo que cada quien pueda aportar.

Los primeros que hizo fueron los míos. Al recogerlos me confesó que no fue tarea fácil. Mi papá le había pedido que tuviesen tres capas de tela para que el virus no pudiese entrar o salir. Están más reforzados que un chaleco antibalas.

La casa de mi abuela se ha convertido en un entra y sale de telas de todos los colores, que arropan la esperanza de la gente de sentirse protegidos. A sus 87 años, aún ensarta la aguja como si no hubiesen pasado las décadas vividas, las pandemias, los periodos duros. Por eso canta canciones de su juventud, acompañada del tiqui tiqui de la máquina, allí, frente a la puerta de la terraza, donde los paños van tomando la forma de un escudo contra esta nueva y peligrosa enfermedad.

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Kenia chini Ovara dijo:

1

5 de abril de 2020

01:25:41


Un abrazo para esa abuela amorosa.