Vivimos tiempos de necesaria reflexión. No puede tratarse solo de clamar por lo que nos falta en nuestra vida cotidiana. Es momento de ver qué necesitamos todos y cómo, poquito a poquito, nos desprendemos de egoísmos y amamos a los demás.
Los cubanos, los de la Isla asediada y digna, tenemos el honor de que quienes conducen estas batallas dentro de una guerra mayor, unos con menor edad, como nuestro Presidente, y otros más curtidos en el combate, como el General de Ejército, se saben continuadores de Fidel, y se han forjado en el batallar cotidiano.
En cada acción se acude a la enseñanza dejada por el Comandante en Jefe, el estratega que concibió y dirigió las más grandes batallas. El que nos llevó siempre a la victoria. El Fidel del 1ro. de enero de 1959.
También el que hizo magistrales aportes al frente de su pueblo cuando, en pleno periodo especial, los enemigos externos e internos nos daban horas de vida, aseguraban que claudicaríamos, y hasta preparaban maletas para venir a recuperar aquella neocolonia en la que habían convertido a Cuba antes del triunfo revolucionario.
Pero siempre vencimos y aquí estamos y estaremos.
Lo que ocurre hoy a lo largo y ancho del país es continuidad, como lo asegura el Presidente Miguel Díaz-Canel, que con su intenso ritmo de trabajo y estilo propio se identifica totalmente con su pueblo, haciendo suya la máxima martiana de que «hacer es la mejor manera de decir».
Los más jóvenes de nuestros dirigentes de hoy se saben comprometidos con una obra que les corresponde continuar y perfeccionar.
En momentos como los actuales vale abrir los ojos a quienes en ocasiones hablan del bloqueo económico estadounidense a Cuba con una simpleza tal, que hasta dejan de culparlo por los males que nos causa.
Hoy tenemos la gran oportunidad para reflexionar, hacernos conscientes de que es la hora de unirnos como pueblo que se sabe agredido todos los días, cuando nos faltan electricidad o transporte, medicamentos y otros recursos necesarios en el país, que nos impiden comprar, importar…
El bloqueo está ahí, crece y se intensifica. Al imperio poco o nada le importa que cada año allí, en sus propias narices, en la Asamblea General de la ONU, el voto casi unánime de los países condene a quienes nos agreden cada día.
La reflexión que me parece oportuna debe incluir, por supuesto, el llamado a rectificar en lo que nos hemos equivocado, abolir la burocracia que actúa como elemento nocivo y que exacerba el ánimo del pueblo.
En fin, no hay que tener pena alguna para culparnos por lo que hemos hecho mal. Pero más que todo, la pena mayor sería no rectificar.
El momento es de unión como fuerza motriz capaz de vencer todos los obstáculos. Es de no dejarnos confundir por los que, con un interés que sirve al enemigo, buscan tiempo para subir a las redes sociales alguna foto o texto mal intencionado con el ánimo de denigrarnos.
A los agoreros, de dentro y de fuera, les advertimos que estos son tiempos de continuidad y de unión de todo un pueblo, quizá entre los más dignos, solidarios, rebeldes y revolucionarios que se hayan conocido.


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JOSE dijo:
1
21 de septiembre de 2019
17:12:29
Andrey dijo:
2
22 de septiembre de 2019
11:43:30
yamile dijo:
3
24 de septiembre de 2019
10:12:20
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